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16 jul 2012

Nacidos en el Estrecho

'Las maravillas del mundo son innumerables pero ninguna es tan portentosa como el hombre', afirmaba Sócrates. Sin duda y sin renunciar a los innegables atractivos de la naturaleza, situamos nuestra atalaya viajera hasta la compleja policromía que representa el variopinto tapiz del género humano. Una composición dinámica de pueblos, razas y etnias cuya riqueza es el fruto de sus particularidades.

Dispuesta a deleitarme en sus matices llegué a la Malasia Peninsular mientras el tren avanzaba con despreocupado movimiento desde la lejana Bangkok. Una región donde pronto me toparía con una suerte de cóctel multicultural de sabores malayos, chinos e hindúes. Semejante encuentro tuvo lugar en Penang, un aperitivo que terminaría por completarse en la sureña ciudad de Malaca.Y es que uno de los pueblos más célebres son los peranakan, cuyo origen se remonta hasta el siglo XVI, cuando inmigrantes chinos llegaron hasta estas costas y muchos de ellos se casaron con mujeres malayas. Tras casi cinco siglos de enriquecedora fusión, la cultura baba nyonya ('hombres' y 'mujeres') continúa, seduciendo el paladar del viajero con su deliciosa cocina donde se dan cita la gastronomía china, malaya e indonesia.

Repleto de aromas del ayer, las notas intensas dibujan un camino que comienza despertando nuestro interés con una arquitectura barroca y abigarrada, prueba del poder económico que llegaron a atesorar los comerciantes de la China meridional que se instalaron en importantes enclaves comerciales como Singapur, Malaca y Penang. Unas obras hoy convertidas en museos o encantadores alojamientos, donde conversar con los hospitalarios propietarios y descubrir así los detalles de esta singular etnia. Pues, a pesar de que mantienen su religión original, comparten las costumbres, el idioma y la vestimenta propiamente malayas.

Foto: Museo Peranakan de Penang.

'Chinos en espíritu y malayos en forma', me comenta el propietario de un establecimiento situado en la concurrida calle Chulia de Georgetown, mientras me sirve un delicioso cendol (un refrescante postre hecho a base de hielo picado, leche de coco, habas rojas, gelatina en tiras y azúcar de palmera). Así se definen los peranakan. Una variedad y multiplicidad de formas asaltan la percepción del viajero fruto de este crisol étnico y religioso. Profundizar a través de la delicadeza de esta sofisticada comida garantiza la puerta de entrada a un mundo de sabores y texturas sorprendentes.
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6 abr 2012

Malasia tras la ventanilla

En la inquietud del comienzo, en la certidumbre de la intuición. Arrancamos. Marchamos a lomos del convoy entregados al movimiento rectilíneo que nos conducirá hasta un nuevo escenario, un decorado suntuoso de arrebatadora naturaleza, de ceñudo color verde punteado por aldeas y pueblos que destacan como una tímida nota humana entre la grandiosidad del paisaje que los rodea y abraza. 

Apenas mil kilómetros separan a la capital tailandesa con la primera ciudad fronteriza de Bukit Kayu Hitam. Un viaje hacia el sur, hacia territorio austral cuya geografía se adorna de una exuberante y singular vegetación. Un país que se entrega a una grandiosa cortina vegetal, a un océano de verdegueante camino. El polvo concentrado en la luz dispersa anuncia el ascenso del disco solar. Parece que nos acercamos, musito mientras me desperezo tras una larga noche mecida por el traqueteo del vagón. Aún algo entumecida me apresuro a sucumbir al goce de no despegarme de la ventanilla. No es para menos. Su contemplación adquiere aquí un matiz esencial pues constituye un destino en sí mismo. Viajes a pie aparte, no conozco una inmejorable compañía de percibir el viaje que a través del tren.

Foto: Danuta-Assia Othman

Moverse por las entrañas de la Malasia peninsular supone adentrarse en la frondosidad de una panorámica cubierta por una infinidad de palmeras, completada por los numerosos parques nacionales que harán las delicias de cualquier viajero. Y es que si se quiere abrazar semejante espectáculo la mejor opción será recorrerla a conciencia, por tierra, con una mirada atenta y despierta a todo cuando acontece a nuestro derredor. Una moderna, económica y confortable red de autobuses junto a las dos líneas de ferrocarriles arrojarán suavidad a un viaje ya de por sí bastante cómodo, alejado de los aires disparatados del tráfico de sus vecinos.

La facilidad que asalta cualquier desplazamiento por esta lengua alargada de tierra que parte del sur de Asia, constituye un aliciente más que justificado para explorar un territorio de intenso sabor, cuya distribución además sigue una lógica amable. Un lugar que se reparte entre una densa cubierta boscosa que ocupa la mitad norte y un litoral en la costa este orlada de playas, junto a las espesas y no menos impresionantes junglas que se extienden por el Borneo malasio. Las distancias se despliegan entre lo razonable y lo moderado convirtiendo el trayecto en algo placentero, en un ambiente apacible que nos permitirá descubirr el carácter del lugar. 

Si después de todo y con las dimensiones que se gasta decidimos experimentar el país desde el aire llegaremos a la misma conclusión, vislumbraremos la belleza de una tierra rendida a los encantos de un ecosistema sin parangón, un paisaje que transcurre fugazmente al otro lado de la ventanilla.

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1 mar 2012

Melaka, un paseo fuera del tiempo

Hay otra Melaka, la primera, la más auténtica, la madre de todas las demás. Una Melaka que nos permite otear el horizonte de un pasado enquistado y contemplar los restos del ayer, privilegio de un viaje en el tiempo. Un espacio legendario, un lugar ya de por sí lleno de magia en su realidad física. Objeto de contemplación y reflexión, el sol desciende a la superficie pulida de un mar en calma y nos invita a sumirnos en el rincón del recuerdo, testigo del patrimonio multicultural y de las tradiciones que aquí se forjaron en el transcurso de los siglos.

Una multitud de influencias asiáticas y europeas han dado a 'la ciudad histórica de Malasia' un rostro e identidad sin parangón. Mezquitas, iglesias, templos chinos e hindúes se suceden junto a museos y anticuarios en unas calles que desprenden nostalgia y encanto a partes iguales. Y es que el que fuera un importante centro de negocios en el tráfico marítimo hacia Oriente motivó la llegada de comerciantes procedentes de China, de India y de la Península Arábiga. Entretanto, portugueses, holandeses y británicos protagonizarían, por este orden, la incursión colonial. Un asunto que acabaría en 1956, año en el que Malasia proclama su independencia.

Foto: Danuta-Assia Othman


Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

Así es Melaka, una idiosincrasia marcada por la estrecha relación entre el ayer y el hoy. Una riqueza que encuentra en la arquitectura, la historia y la cultura su máxima expresión. Un reclamo más que suficiente para acercarse hasta este estado situado en la zona meridional de la península, a tan sólo 145 kilómetros de la capital. Un paisaje imantado para viajeros y artistas que no dudan en sucumbir a los irrenunciables atractivos que aguarda a quienes decidan viajar hasta ella... Apacible, soñolienta, plácida y serena, son algunos de los adjetivos que visten la personalidad de este lugar. Aunque, por muchos pluses que se le añadan, el verdadero plato fuerte será siempre su asombroso tejido etnográfico.

Foto: Danuta-Assia Othman

Buscar la esencia de Melaka es abrirse paso, ventilar cualquier idea preconcebida (siempre enquilosada), y regalarse a los pequeños placeres y a los instantes eternos que ofrece esta encantadora localidad. Una fusión de gentes compuesta por los peranakan (comerciantes chinos casados con mujeres malayas), los chitties (de herencia hindú y malaya) y los euroasiáticos (nacidos de malayos y portugueses) conviven entre edificios de un bien conservado distrito museístico que evoca una breve historia de casi todo. Alejada de la impaciencia que gobierna en otras ciudades acosadas por el instinto de reonovación en una especie de eterna juventud transitoria, Melaka abraza la memoria de los tiempos.

Melaka, 'la ciudad histórica de Malasia', remarcábamos en líneas anteriores. Un dato no por repetido menos sorprendente. Vestigios cuyo rastro se mantiene perenne, para suerte y beneficio del visitante. En los festines del pasado encuentra su ser y su justificación. Un lugar genuino que, como el buen vino añejo, te dejará siempre con ganas de repetir.
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26 feb 2012

Jungla de asfalto

Imaginen un escenario antaño devorado por una naturaleza implacable y despiadada en un terreno cálido y húmedo cubierto por una vegetación densa y muy espesa. Una tierra salvaje bajo el dominio de la jungla. Un término, 'jungla' que viene del sánscrito 'jangala', y que, paradójicamente, significa desierto. Pues bien, se cierra el telón y tras algunas sacudidas en la coctelera del tiempo, aparece un enorme bloque de hormigón dispersado bajo el rostro de rascacielos y autopistas, imponentes construcciones de aspecto un tanto futurista que reflejan la importancia económica del lugar. Una realidad que da de sí y se estira hasta lo inverosímil, a la que el estereotipo actual ha dotado de edificios emblemáticos convertidos en todo un símbolo identificativo conocido por todos... ¡Bienvenidos a Kuala Lumpur!.

Kuala Lumpur, una metrópolis en apariencia joven y próspera para delicia de los ajetreados transeúntes ( la capital se fundó en 1857 ), donde la arquitectura se levanta a imagen y semejanza del cóctel de gente que pasea por sus enrevesadas calles. Pero no nos adelantemos. Puesto que si alguna urbe asiática puede presumir del binomio compuesto por naturaleza y asfalto esta es, sin duda, KL. 

Foto: Danuta-Assia Othman

Entenderla quizá sea acercarse un poco más a una historia teñida por un pasado centrado en la explotación de minas de estaño. Un hecho crucial para comprender un desarrollo que avanza vertiginoso. Tanto es así, que su popularidad y crecimiento le ha llevado a posicionarse como uno de los destinos más visitados del sudeste asiático, amén de ser un importante enlace en el tráfico aéreo de Asia. Adjetivos como vibrante, dinámica o colorida nos reciben desde un primer momento en un avance cuya intensidad irá aumentando a medida que nos adentremos en ella.  Y es que esta centelleante urbe tiene la pátina propia de una intrigante mezcla de estilos, fruto de influencias coloniales, de tradiciones asiáticas y, sobre todo, de una fuerte inspiración islámica. 

Foto: Danuta-Assia Othman

Una suerte de olla a presión de imágenes y de sonidos sorprenden al viajero en cada rincón, contrarrestados por los espacios verdes que se extienden ocupando las tres cuartas partes de la ciudad y que actúan a modo de bálsamo vegetal entre tanto calor y hormigón. Recordemos que KL está situada al sur de la península de Malaca, en el valle de Klang. A pesar de los no pocos intentos por continuar con esta frenética expansión, basta con subir a la torre Menara o a las embajadoras Torres Petronas para darse cuenta que todo esfuerzo humano de construcción resulta anecdótico ante un espacio donde la naturaleza, para fortuna de quienes la habitan y la visitan, es aquí dueña y señora.

Como decíamos, naturaleza y asfalto conforman la panorámica de esta singular postal urbana matizada por la heterogeneidad de tradiciones, de culturas y de religiones. Un pasaporte que tiene su mejor representante a esta diversidad que acecha al viajero con tan sólo doblar la esquina. Haciendo honor al acertado eslogan publicitario que puebla marquesinas y folletos turísticos, 'Malaysia, truly Asia', nos encontramos ante una magnífica muestra de multiculturalidad. A las ya conocidas comunidades china e india, se añaden otras procedentes de Indonesia, Nepal, Birmania, Tailandia, Bangladesh o Vietnam, por citar algunos ejemplos. Una interesante mezcla que se manifiesta, en gran medida, en su deliciosa y sabrosa gastronomía.

Para los que aún quieran más, la capital malaya tiene reservada una importante oferta cultural donde quedarse pasmado ante edificios religiosos como las mezquitas de Masjid Jamek y Masjid Negara o el templo hindú de Sri Mahamariamman. Por si fuera poco, el viajero tiene la oportunidad de acercarse a la historia, economía, artes y oficios y cultura de Malasia de la mano de colecciones que alberga, entre otros, el Museo Nacional o el Museo de Arte Islámico. Visitas absolutamente recomendables.

Foto: Danuta-Assia Othman

La silueta recortada de los edificios cuando el sol se torna en una brasa incandescente dibuja el trazo de un horizonte delineado que se alza firme bajo esta fascinante estampa, donde la mirada no puede sustraerse del hechizo que ejerce sobre ella. Un ritual que se repite cada día y, sin embargo, cada día es distinto. Siempre único.

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23 feb 2012

Penang, 'la perla de Oriente'

El viaje, a menudo, se presenta como una forma de conocimiento que compromete la existencia y la revoluciona. En esta praxis de conocimiento del otro me encontraba cuando, las terribles inundaciones que anegaron al antiguo reino de Siam, me obligaron a 'liarme la manta al cuello y a ponerme el mundo por destino'. Las opciones eran pocas, pues el aluvión comenzaba a extenderse por todo el territorio causando estragos de todo tipo y afectando, como no, al sistema de transportes. 

Ante la imposibilidad de llegar a la capital, la única alternativa era coger un tren hacia el sur del país. Una elección que comportaría un escenario ignoto, entregado a la realidad de una exótica y singular tierra: Malasia. Un contratiempo que, tras la incertidumbre más absoluta de los inicios, supondría el descubrimiento de una nueva cultura, para beneficio y grata sorpresa de una servidora. Un conjunto de experiencias inéditas que solo pueden vivirse a partir de un extrañamiento fruto de un viaje imprevisto. Dichoso imprevisto. Un término que aquí adquiere la más amplia dimensión imaginable, donde la capacidad de asombro nos invade, garantía de un gozoso hallazgo. 

Así pues, con la mochila repleta de la emoción propia ante lo desconocido y el contador del conocimiento puesto a cero, llegué a 'la perla de Oriente' o Pulau Penang, una isla conectada a la península por uno de los puentes más largos de Asia. Selamat Datang Malasia! ( ¡Bienvenidos a Malasia! ). 

Foto: Danuta-Assia Othman

Un compendio de encantos asaltan al visitante desde el primer momento. Y es que nos encontramos ante un mosaico cultural que hará las delicias de cualquier viajero. Un microcosmos donde conviven diferentes culturas desde tiempos pretéritos. La diversidad de la población insular conforma una especie de patchwork étnico y se reparte entre la comunidad malaya, la china, la india y la peranakan ( descendientes de los comerciantes chinos que se casaron con mujeres locales ). Pulau Penang o la 'Isla de la Nuez de Betel' se presenta como el representante irrefutable de la multiculturalidad, una suerte de entrada a la mezcolanza racial que domina al país. Todo un canto a la humanidad. 

Su capital, George Town, se sitúa al noreste y es el núcleo principal de la isla. Un dédalo de callejuelas expone a nuestros sentidos al deleite sensorial de un recorrido donde se entremezclan los aromas. Una mezcla de sabores exóticos que harán viajar a nuestro paladar. No está demás mencionar que estamos en la capital gastronómica de Malasia, una de las ciudades donde mejor se come de Asia. Pero aún hay más. Este histórico enclave portuario en la ruta marítima entre Asia y los mercados de Europa y Oriente Medio, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008. Un reconocimiento que ha permitido la conservación del rico legado cultural de la ciudad. 

Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

En este cruce de caminos, el olfato se ve seducido por las inconfundibles especias de los comercios indios que pueblan el barrio de 'Little India', un viaje interrumpido por la llamada a la oración de los minaretes de las mezquitas que nos recuerdan que la religión oficial del país es el islam. Y, por si fuera poco, las 'shophouses' o 'casas-tienda' tradicionales nos advierten de la importancia de la comunidad china, unas construcciones que la UNESCO ha decidido preservar por su valor histórico y cultural. A este decorado histórico se añaden más de 2.000 hectáreas de desafiantes senderos por la jungla que abarca el Parque Nacional de Penang, situado en el plácido pueblo pesquero de Teluk Bahang, al noroeste de la isla. 

Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

Foto: Danuta-Assia Othman

Irrenunciables atractivos que nos obligan a vivir y a disfrutar la experiencia del viaje con toda la intensidad de la que uno sea capaz. Recuerden, como decía Séneca "viajar y cambiar de lugar imparten un nuevo vigor a la mente". Lo dicho, bienaventurado contratiempo.
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20 feb 2012

Un alto en el camino

En un país moldeado a su antojo por una naturaleza sin parangón, la variedad de este tesoro despliega, para fortuna del viajero, una mezcla de exuberantes paisajes amén de una fauna extraordinaria. Una suerte de paraíso exótico que le confiere al territorio malayo su bien más preciado. No en vano, las tres cuartas partes de Malasia están compuestas por espacios verdes de los cuales, dos tercios son vírgenes. Una fascinante 'epidermis' dispuesta a sorprender hasta al más curtido en parajes naturales. La autenticidad de semejante entorno representa un reclamo más que justificado. Un lugar donde resulta inevitable experimentar una especial emoción. Y es que pocos lugares pueden rivalizar con los atributos naturales que ofrece la otrora Malaya.

El exotismo, pues, está garantizado. En este singular escaparate de exteriores nos encontramos ante un territorio de intenso sabor tropical. Muchos viajeros se acercan hasta aquí seducidos por unas costas bordeadas de playas que se completan por una densa cubierta boscosa para deleite de los más aventureros. Una salvaje macedonia de flora y fauna de lo más atractiva y sugerente, cuyo encanto se convierte en el protagonista indiscutible en este rincón del sudeste asiático.

Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

En una tierra dominada por el carácter selvático del trópico, aparece un escenario distinto, presto a llevar la contraria y asombrar a partes iguales. A tan sólo cuatro horas por carretera al norte de Kuala Lumpur, nos topamos ante un paraíso de tierras altas compuesto por un paisaje alpino único de picos azules, montículos verdes y brumosas plantaciones de té. Situado al noroeste del distrito de Pahang, Cameron Highlands se presenta como una pausa recomendable a las altas temperaturas que se extienden en el resto del país, gracias a una altura que puede alcanzar los 2.000 metros sobre el nivel del mar. Sus colinas suaves y fértiles laderas hicieron de esta cadena montañosa un destino vacacional creado por los ingleses en plena era colonial. Un pasado todavía palpable a razón de un legado arquitectónico capaz de transportarnos hasta la campiña británica.

Foto: Danuta-Assia Othman

Foto: Danuta-Assia Othman

Agroturismo, catas de té o senderismo son algunas de las 'excusas' para permanecer unos días apacibles donde disfrutar del atípico clima suave que goza durante todo el año. Las extraordinarias vistas de este decorado ondulado de verdes hectáreas conforman un panorama singular y, sin duda, fotogénico. Como dice el escritor José Saramago: "Las palabras nunca están a la altura de la grandeza del momento". Tal vez por ello, lo más recomendable es que experimenten por sí mismos una de las maravillas de Malasia. Un espectáculo a degustar, por cierto, con agradecimiento y respeto.


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6 nov 2011

Un encuentro delicioso

Sucede cuando menos te lo esperas. Llega sin llamar a la puerta y, sin embargo, te recibe con los brazos abiertos. La historia comienza donde la espontaneidad nace, fruto de una lluvia de fuerza monzónica donde el tiempo se detiene a la espera de poder continuar. Y en ese punto de inflexión de uno mismo fluye el encuentro entre dos desconocidos. Quizás tenga algo que ver que para algunos 'Melaka' viene del vocablo árabe mulagah: 'encuentro'. Así es como conocí a Valli Suppiah una tarde lluviosa de la que fuera capital del sultanato de Malacay.

Esta mujer de rasgos afables y mirada vital respira bondad y estrecha la generosidad siempre que puede. Forma parte de una comunidad que ocupa el tercer lugar de una sociedad pluricultural aunque, para sorpresa de muchos, nunca ha viajado a su país de origen: la India. Y, sin embargo, comparte un modus vivendi  donde solo cambia el decorado.

Sin apenas pestañear se muestra curiosa y cercana. Sonríe en cada cadencia. Da la sensación que nos conocemos desde hace tiempo. Tiene un aire cándido del que es difícil sustraerse. Sin preguntar, me va contando detalles de una vida dedicada a los demás y, ahora, por una tarde, a mí. Me siento afortunada por engrosar las filas de quienes han tenido la oportunidad de compartir su tiempo. Caminamos al son de sus palabras entre callejuelas que desprenden historia con sabor añejo. Entre confesiones hace las veces de cicerone orgullosa de mostrar los encantos de su ciudad. Ha pasado algo más de medio siglo pero a juzgar por su retina, no ha perdido el apetito. 

Llegamos al cenit cuando me dispongo a degustar un sinfín de sabores y texturas que gentilmente Valli me ofrece. Una buena forma, apostilla, para conectar con la realidad gastronómica de un país que respira curry en cada esquina. El festín comienza con la presencia del azúcar y el cardamomo mezclados ingeniosamente con el coco, la almendra, los anacardos o el agua de rosas. Bajo formas caprichosas, las papilas gustativas se apresuran al siguiente bocado. No es para menos. Un deleite que bien merece un extra de calorías, amén de la hospitalidad mostrada.Satisfecha, emprendemos de nuevo el camino ya oscurecido. Su bicicleta le espera.

Y es que lo más bonito de un viaje son las relaciones humanas que uno establece. Pero para ello hace falta quedarse y profundizar en el conocimiento de una nueva cultura, formas de ser diferentes y así poder llegar a la intimidad de las personas. Una muestra de la calidad humana de las gentes que desde hace siglos habitan las calles y rincones de Melaka. Hasta pronto Valli.

Valli Suppiah

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29 oct 2011

Un despertar súbito

Demasiado pronto para ser cierto. Un ruido estrepitoso y de gran intensidad penetra las ventanas del dormitorio de forma arrolladora, sin pedir permiso. Me cuesta entender qué sucede. Miro hacia un lado y otro. Mis oídos continúan desbordados. Repito, es demasiado pronto. Sin apenas darle tiempo a los gorjeos propios del amanecer, la festividad del Deepavali da los buenos días a las decenas de fieles que acuden a los templos para celebrar este acontecimiento de corte nacional y religioso a partes iguales. Conocido como el festival de las luces, existen muchas leyendas asociadas. La más extendida y seguida por el hinduismo, supone la victoria del bien sobre el mal. La iluminación de la oscuridad espiritual. Es por ello que muchos negocios abren un nuevo libro de cuentas, símbolo del comienzo de un nuevo año financiero.
 
Así que, con lo puesto y entre bostezos, decido salir al encuentro del ajetreo que tan vehemente ha interrumpido mi sueño. El asombro que produce el exótico despliegue colorista de las ropas nos transporta a sus orígenes: la India. Nada parece indicarnos que nos encontramos en un enclave diferente: Melaka, ciudad histórica por excelencia de Malasia. Hay lugares en los que queda atrapada la esencia del pasado, ese aire añejo de las cosas que algún día fueron algo. Melaka es uno de ellos. Desde el s.XV, multitud de culturas han dejado su huella en el que fuera uno de los enclaves comerciales más importantes en la ruta de navegación gracias a su posición geográfica. Un sabor colonial que desprende nostalgia de unos tiempos ya lejanos. Portugueses, holandeses y británicos brindaron una arquitectura que todavía hoy permanece repartida entre sus plácidas y soñolientas calles. 

La procesión gana adeptos a medida que avanza la calle guiados por el sonido desmedido de los tambores e instrumentos de viento que claman a los dioses desde las entrañas del templo hindú.  De nombre 'Sri Poyyatha Vinayagar Moorthi', arremolina a una nutrida comunidad india. No en vano, se trata del templo hindú más antiguo del país. Conviene saber que tras el pueblo malayo y chino, los indios constituyen el tercer grupo étnico más importante de Malasia. Una particularidad social que se deja entrever especialmente en localidades como George Town, en la isla de Pulau Penang o en la peninsular Melaka. 

A pesar del madrugón, el festival de las luces se presenta al viajero como una oportunidad para apreciar con mayor intensidad la personalidad multicultural de este lugar. La celebración estrecha a sus devotos entregados a ella. Los rezos acontecen en cada una de las siete deidades que acoge el templo, entre ofrendas que saben a coco, plátano y azafrán. El olor a incienso recorre cada una de las instancias creando una atmósfera cargada de misticismo difícilmente de sobrellevar en ayuno. El silencio de sus creyentes solo se ve interrumpido por los cantos entonados a modo de mantra. La riqueza y policromía de las telas embellecen una estampa grácilmente acompañada por los atuendos que visten los más pequeños que revolotean ajenos a lo que les rodea. Los destellos de los primeros rayos de luz se asoman acentuando una paleta de intensos colores capaces de exaltar el ánimo. 

El ritual se repite con la llegada de nuevos fieles. La ceremonia concluye sentados en el suelo entorno a un plato compuesto de arroz. Amablemente, insisten a que comparta con ellos este bocado especiado. Y con una sonrisa me estrechan la mano: '¡Happy Deepawali!'.



Foto: Danuta-Assia Othman











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26 oct 2011

Galería Malasia

'Viajes en Caleidoscopio' continúa su andadura con algunas imágenes captadas desde Malasia.

Fotos: Danuta-Assia Othman































































































































































































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