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30 jun 2012

Una geografía de género

'Lo cierto es que somos viajeros literarios', apuntó con su resuelta pluma el novelista y escritor de viajes inglés Bruce Chatwin. Unas irrefutables palabras para quienes, como una servidora, apuntamos los primeros esbozos del viaje hacia un horizonte delineado y habitado por la siempre evocadora, fascinante y tentadora literatura de viajes. 

Y es que nos encontramos ante un género al que encomendar las ensoñaciones de nuestros pasos, realicemos o no el anhelado viaje. Narraciones que a través de la fortaleza de la palabra han surcado los rincones de este planeta hasta hacerse un hueco en la narrativa del destino. Cicerones literarios, ríos de tinta que nos abren a experiencias perceptivas que muchos han utilizado en la construcción de sus recuerdos de viaje.

En este sugestivo universo, la balanza del género queda sobradamente descompensada hacia un compendio de obras que rezuman testosterona. Una desigual tradición cuyas raíces se remontan hasta el siglo XIX, tiempos en los que las mujeres eran consideradas 'una plaga en los viajes y en las exploraciones difícil de combatir', como declaró un periodista de The Times. Además de ser excluídas como miembros de numerosas instituciones científicas y geográficas. 'Su sexo y su entendimiento las hacen ineptas para la exploración y este tipo de trotamundos femeninos es uno de los mayores horrores de este fin de siglo XIX', expresarían algunos con franqueza brutal como el político conservador Lord Curzon. Un patrimonio considerado sólo para hombres al que las mujeres victorianas se enfrentaron y desafiaron con la valentía y la tenacidad de quien abraza a la temeridad y a la seducción de una ambulante vida.

Foto: Google
Una situación que, por fortuna, abrió un nuevo capítulo tiempo después cuando Isabella Bird se convirtió en la primera mujer miembro de la Real Sociedad Geográfica de Londres en 1892, más de sesenta años después de su fundación. A otros como al Explorers Club les costaría bastante más admitir entre sus filas a una mujer, una cita que se retrasó hasta 1981. Una ansiada ruptura categórica pespunteada por el comienzo de una larga lista de intrépidas y aventureras que aún a día de hoy deben sortear las pretéritas limitaciones asociadas al género. Con unas costuras aún por remendar, cada vez son más las sociedades y asociaciones vinculadas al viaje que, ante una admisión engorrosa deciden tomar la iniciativa. Tal es el caso de La Sociedad de Mujeres Geógrafas, creada en Washington en 1925 por cuatro amigas dedicadas al mundo de la geografía, la antropología o la exploración.

En un escenario cuya naturaleza está por encima del rostro femenino o masculino del viaje, cuesta creer la división reiterada de un fenómeno, el del viaje y su institucionalización, al que todavía le cuesta salir de la persistencia de la desigualdad de género en este camino de avances y retrocesos. ¿Hasta cuándo?


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16 jun 2012

Letras viajeras

Es una tarde de ensoñaciones, poco importa el lugar. Me detengo, sin embargo, en el clima emocional del entorno, aquel que le rodea hasta estrechar su esencia. Un extracto concentrado que descubrimos en la solidez del recuerdo.  El olor del aire impregna la atmósfera de la memoria, entre una mezcla de insinuaciones a verano difíciles de identificar.

Es una tarde de impulsos, de estímulos creadores, responsables del espíritu que emerge en cada comienzo, en cada viaje. Unos momentos envueltos por la inspiración, donde seguimos la estela literaria que otras dejaron para beneficio de nuestros días. Un rastro de espuma y agua removida que, del mismo modo que el vaivén al que juega el oleaje, deposita en la orilla fragmentos, pedazos de un viaje que viene a tentar nuestra imaginación.

Foto: Google
Es una tarde de encuentros, testimonios apasionantes de mujeres viajeras que han vencido y logrado una posición destacada en la historia de los viajes, abrazadas por un espíritu aventurero que no las dejó escapar hasta el final de sus días. Basta con ojear las obras de un legado para percatarnos ya desde el vestíbulo, de la aventura pura y simple que enaltecieron. Una galería de mujeres emprendedoras que demuestran que las correrías con riesgo han sido y son dominio de la mujer y del hombre.

Es una tarde de deseos, de intenciones que acarician la voluntad de continuar con este enriquecedor legado. Un lugar donde comienzan los mapas, desde unas páginas en las que desfilan un buen número de mujeres fuera de lo común. Páginas de un profundo magnetismo que acaban por absorberte. 

Es una tarde de viajes, de búsqueda de lo inesperado, de lo desconocido, de libertad. Una invitación al viaje.
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11 may 2012

El viaje de Jane Goodall

Es una tarde de notas intensas, de esas que impregnan la esencia de una atmósfera que evoca la valentía, la tenacidad y el espíritu aventurero de su protagonista, la primatóloga Jane Goodall. Digna heredera de sus antepasadas las exploradoras del siglo XIX, esta mujer de calidad humana impresionable sorprende por la vivacidad de una mirada que despierta la expectación de todo aquel que la rodea. De silueta grácil y rostro inmutable a la ilusión y a la determinación de quienes se aferran a los sueños hasta conseguirlos, Jane desprende una energía capaz de conmover y algo más con unas palabras cuidadosamente escogidas y tremendamente inspiradoras.

En un intento por aprehender un discurso de una sensibilidad que casi puede asirse, tomo notas no sin torpeza ante la emoción y el entusiasmo que comporta conocer a una persona de semejante naturaleza y excelencia. Con un público enmudecido y apasionado ante su presencia, las texturas emocionales se van apoderando poco a poco de la sala de actos del edificio del Rectorado de la Universidad Autónoma de Barcelona, hasta respirar unas bocanadas que enriquecen el ánimo de los allí presentes. No en vano, nos encontramos ante una vida entregada a preservar la naturaleza, la vida de una mujer que cambió la forma de pensar sobre nuestros parientes más próximos, los chimpancés. Una vida comprometida que le llevaría a vivir durante décadas en su continente soñado, África.

Foto: Danuta-Assia Othman

Y a propósito de sueños y quimeras recupero entonces una atinada cita del periodista y novelista francés León Daudet: 'Solo es capaz de realizar los sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto'. Esto mismo debió sucederle a Jane cuando en 1957 llegaba a Kenia. Un lugar donde conocería al paleontólogo Louis Leakey, quien precisamente buscaba un asistente para realizar un estudio de campo con los chimpancés de Gombe, a orillas del lago Tanganika. El camino, sin embargo, no ha sido fácil. Amenazada por las enfermedades, los temidos cazadores furtivos y la propia soledad, esta primatóloga, naturalista y activista no ha cejado, empero, en su empeño. Una persona excepcional a la que han llegado a comparar con Mahatma Gandhi.

Con una energía que supera exponencialmente a su edad, Jane nos transmite un mensaje de optimismo que titula 'Razones para la esperanza'. Una profunda reflexión de comprensión clara y sencilla que invoca al poder que tenemos cada uno para transformar aquellas cosas que nos preocupan. Palabras que extienden el discurso que, desde 1977 con la creación del Instituto Jane Goodall, promueve el rol activo de las comunidades en la conservación de su medio ambiente. Y es que, África, le cambiaría la vida para siempre. Una activa labor sin ánimo de lucro que sigue desempeñando en el nombre de la biodiversidad.

La complicidad del ocaso acompaña el final de este especial encuentro no sin antes lanzar un dardo a la diana del llamado turismo responsable, al que reclama la obligación de mejorar las vidas de la gente local, dejando que sean ellos quienes construyan el orgullo de sus recursos naturales.  La crónica de este memorable acto llega a su fin dejando paso al reposo merecido de los grandes acontecimientos, desde donde digerir el profundo y enriquecedor impacto que me causó conocerla.
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28 ene 2012

Una vida espiritual sin género

Una de las imágenes más extendidas a lo largo del sureste asiático se presenta bañada por los tonos anaranjados de las túnicas que grácilmente llevan los monjes budistas. Tailandia, Laos o Camboya, por donde quiera que vayas aparece su silueta inconfundible e indisociable de esta parte del globo. Solo en Tailandia, existen más de 30.000 templos o monasterios. Un país donde la comunidad budista cuenta con unos 300.000 monjes. En este contexto, sorprenderá saber que el número de monjas o mae chii (religiosas de orden inferior) no supere las 15.000, de las cuales tan solo 25 se consideran bhikkhunis (el equivalente femenino al monje).

Las monjas o mae chii se afeitan la cabeza y llevan hábitos de color blanco.
Foto: Danuta-Assia Othman

La diferencia trasciende cualquier dato y plantea la discusión en términos de desigualdad en cuanto al papel y al reconocimiento de la mujer en el budismo. Y es que el budismo tailandés estrecha una perspectiva un tanto conservadora en la que reconoce a las monjas (mae chii) pero sólo a los hombres se les permite ser monjes (bhikkhu). Desde la oposición argumentan que el linaje de ordenación bhikkhuni se extinguió de la rama theravada hace miles de años. Por este motivo, el clero tailandés defiende la idea de que es imposible establecer una versión femenina.

El desacuerdo no se queda ahí. La discriminación y la falta de apoyo se extienden entre la opinión pública tailandesa, la cual ofrece una resistencia palpable no exenta de polémica. Un criterio cuasi unánime que considera que las mujeres no están hechas para la vida monástica, dejando como única opción la acumulación de méritos para que en la siguiente vida puedan nacer con un rol diferente. En este sentido, la posición de la mujer no sólo es 'inferior' respecto a la del hombre sino que tampoco disfruta de los mismos derechos y prestaciones sociales, ni recibe las mismas muestras de respeto o donativos. Una constante desventaja que se resiste a reconocer la oficialidad a las mujeres que quieran ordenarse como monjes (bhikkhunis) y que sin embargo, se ven obligadas a seguir 311 preceptos frente a los 277 que deben cumplir los monjes.

Lejos de intimidar la voluntad de aquellas que quieran vivir una vida religiosa, son cada vez más las mujeres que engrosan las filas en una lucha que camina con paso firme hacia la igualdad y el reconocimiento legal. Sin ir más lejos, este año se cumple una década desde que Dhammarakhita fuera nombrada la primera mujer monje en Tailandia. Con la convicción y la determinación de quien sabe que está haciendo lo correcto, esta mujer que ya supera la sesentena, ocupa las páginas que marcan un nuevo capítulo en el budismo tailandés. Una decisión que rompió moldes y superó cualquier obstáculo hasta el punto de pedir el divorcio a su entonces marido. 

Hoy en día, Dhammarakhita continúa entregada al budismo desde el templo situado en Nakhonpathon, a una hora de la capital. Una comunidad que, afortunadamente, ya cuenta con nueve bhikkhunis. Un esfuerzo que descansa en la búsqueda de la igualdad en las esferas religiosas y se desvincula de cualquier movimiento feminista que se le asocie. Ahí es nada.



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1 ene 2012

Una mujer sobre ruedas

Os presento a una mujer que tiene por nombre 'viajera' y por apellidos 'intrépida' e 'inconformista'. Esta es la historia de una joven aventurera de espíritu inquieto. Con el mapa abierto en busca de nuevos horizontes, nuevas sensaciones y nuevos aprendizajes, Johanna Panzani con tan solo dos décadas en su mochila, se lanzó en un viaje de tres semanas que le llevaría a recorrer en una modesta motocicleta la vasta geografía vietnamita, de norte a sur. Una peripecia movida por una infinita curiosidad por conocer otras realidades alejadas de una ruta a menudo trillada de la que resulta complicado escapar.


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25 nov 2011

Una activista del pueblo Karen

En una remota aldea de la provincia tailandesa de Tak, el rostro de quienes lo habitan no pasa desapercibido al viajero. Cada día desde hace más de veinte años, este rincón fronterizo flanqueado por frondosas montañas de piedra caliza es testigo de un escenario levantado por la energía inagotable de una mujer que bien merece un reconocimiento. Un mérito ganado a pulso.

Se llama Tasanee Keereepraneed, tiene cincuenta y un años y media vida al entero cuidado del orfanato 'Safe Haven', situado en el poblado de Tha Song Yang, también conocido como Mae Tawo, a dos horas al norte de Mae Sot. 'Safe Haven' da cobijo y mucho más a unos cincuenta niños en su mayoría pertenecientes a la etnia karen. En un terrero de delicadas emociones resulta admirable la grandiosa labor que sin descanso ejerce esta mujer siempre sonriente. 

 Foto: Danuta-Assia Othman

La lucha por salir adelante se expande hacia otros caminos y deseos en los que el pueblo karen lleva peleando para conseguir la independencia de Birmania. Más de cinco décadas que han dejado entre sus víctimas a decenas de niños. Las historias componen un panorama que parecen no desgastar a esta defensora incansable del pueblo karen. Como resultado de un entorno constante de violencia, muchos de ellos quieren ser soldados. Unos impulsos compresibles que Tasanee se esfuerza por combatir a través de la educación que imparte no solo en las aulas que ella ha mismo ha construido sino también en cada gesto, en cada palabra, en cada afecto.

La experiencia ha curtido a esta mujer que domina dos dialectos karen, birmano, tailandés e inglés. Ahí es nada. La recompensa a este trabajo reservado solo para los mejores, viene en forma de abrazos y miradas que agradecen una y otra vez la oportunidad que han recibido. "Big Mum", así le reclaman desde los más pequeños hasta quienes ya están en plena adolescencia. A pesar de las diferencias, aquí cuidan unos de otros sin distinción dibujando una gran familia llena de matices y anécdotas.

Rodeado por una espesa jungla al arroyo del río Moei, las instalaciones del orfanato se amplian a buen ritmo alimentando la esperanza en cada paso. Las tareas se reparten a diario entre el corral, el huerto y la piscifactoría que gracias a la ayuda de la ong 'Colabora Birmania' comienzan ya a dar sus frutos. La jornada empieza bien temprano en este apartado paraje. Cualquier previsión se queda corta cuando se trata de atender a estos pequeños. Un hecho que parece no importale a Tasanee a juzgar por su tesón y perseverancia.
 
Con la ayuda de voluntarios y otras donaciones, Tasanee consigue permanecer a bordo de este viaje contra viento y marea. Cualquier avance enaltece su inabarcable fuerza por mejorar el futuro karen de las generaciones venideras. Un ánimo que conserva vital e imbatible y que todavía (por suerte) dará que hablar. Enhorabuena Tasanee. Te lo mereces, se lo merecen.

 Foto: Danuta-Assia Othman

Foto: Danuta-Assia Othman


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6 nov 2011

Un encuentro delicioso

Sucede cuando menos te lo esperas. Llega sin llamar a la puerta y, sin embargo, te recibe con los brazos abiertos. La historia comienza donde la espontaneidad nace, fruto de una lluvia de fuerza monzónica donde el tiempo se detiene a la espera de poder continuar. Y en ese punto de inflexión de uno mismo fluye el encuentro entre dos desconocidos. Quizás tenga algo que ver que para algunos 'Melaka' viene del vocablo árabe mulagah: 'encuentro'. Así es como conocí a Valli Suppiah una tarde lluviosa de la que fuera capital del sultanato de Malacay.

Esta mujer de rasgos afables y mirada vital respira bondad y estrecha la generosidad siempre que puede. Forma parte de una comunidad que ocupa el tercer lugar de una sociedad pluricultural aunque, para sorpresa de muchos, nunca ha viajado a su país de origen: la India. Y, sin embargo, comparte un modus vivendi  donde solo cambia el decorado.

Sin apenas pestañear se muestra curiosa y cercana. Sonríe en cada cadencia. Da la sensación que nos conocemos desde hace tiempo. Tiene un aire cándido del que es difícil sustraerse. Sin preguntar, me va contando detalles de una vida dedicada a los demás y, ahora, por una tarde, a mí. Me siento afortunada por engrosar las filas de quienes han tenido la oportunidad de compartir su tiempo. Caminamos al son de sus palabras entre callejuelas que desprenden historia con sabor añejo. Entre confesiones hace las veces de cicerone orgullosa de mostrar los encantos de su ciudad. Ha pasado algo más de medio siglo pero a juzgar por su retina, no ha perdido el apetito. 

Llegamos al cenit cuando me dispongo a degustar un sinfín de sabores y texturas que gentilmente Valli me ofrece. Una buena forma, apostilla, para conectar con la realidad gastronómica de un país que respira curry en cada esquina. El festín comienza con la presencia del azúcar y el cardamomo mezclados ingeniosamente con el coco, la almendra, los anacardos o el agua de rosas. Bajo formas caprichosas, las papilas gustativas se apresuran al siguiente bocado. No es para menos. Un deleite que bien merece un extra de calorías, amén de la hospitalidad mostrada.Satisfecha, emprendemos de nuevo el camino ya oscurecido. Su bicicleta le espera.

Y es que lo más bonito de un viaje son las relaciones humanas que uno establece. Pero para ello hace falta quedarse y profundizar en el conocimiento de una nueva cultura, formas de ser diferentes y así poder llegar a la intimidad de las personas. Una muestra de la calidad humana de las gentes que desde hace siglos habitan las calles y rincones de Melaka. Hasta pronto Valli.

Valli Suppiah

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20 oct 2011

Una mujer con gancho

Se llama Pariyakorn Ratanasuban. Tiene 31 años y es la primera y única mujer promotora de Muaythai femenino en Tailandia. En un deporte donde todavía hoy persisten los prejuicios culturales y de género, el caso de esta mujer con aspecto de no haber roto un plato, resulta ejemplar e imprescindible para avanzar en la lucha contra la indiscrimación en la práctica del boxeo femenino.

Foto: Siraphop One Songchai  

Su historia se remonta muchos antes de que ella naciera. Apostillada por la prensa nacional e internacional como 'Little Songchai', es la hija menor del que se conoce como el Gran Promotor Songchai de Muaythai en Tailandia. Pariyakorn confiesa que se siente agradecida por haber tenido la oportunidad de conocer los entresijos de este deporte de la mano de su padre. Una persona a la que considera un modelo a seguir. "Desde que era niña, mi padre me llevaba a los estadios. Tuve la oportunidad de entablar amistad y aprender de los veteranos promotores y boxeadores desde una edad muy temprana" comenta orgullosa. Sin embargo, los comienzos no fueron fáciles. 

"El Muaythai y el boxeo nunca han sido para la mujer. Resulta complicado ir a contracorriente y acabar con las barreras culturales que la propia tradición se ha ocupado de preservar. Mi trabajo consiste, sobre todo, en cambiar el pensamiento de la propia mujer tailandesa, dejando una puerta abierta a un futuro laboral propio, lejos de su estereotipo como ama de casa", remarca con especial atención. Una ardua tarea la de ser pionera en una industria de rostro masculino.

Su día transcurre fuera del cuadrilátero, entre clientes, promotores, prensa y marketing, mucho marketing. Solo así se puede romper con unas normas en las que habitualmente los sponsors no se muestran interesados ni quieren oir hablar de promover el Muaythai femenino. Un trabajo que requiere grandes dosis de paciencia y perserverancia. Una compleja y valiente misión la de cambiar el imaginario colectivo de generaciones enteras. Como muestra de que su propósito no se queda en simple accesorio, Pariyakorn cuenta con varios premios que recompensan su gran compromiso. El último de ellos en el 2010, donde la WBO (World Boxing Organization) reconoce su honorable labor.

A pesar de los obstáculos, esta mujer de menuda estatura pero no de intenciones, se muestra confiada y afirma con contundencia que las mujeres boxeadoras son más fuertes cuando se trata de determinación y fuerza de voluntad. Un terreno intransitado hasta no hace mucho, pero del que no hay marcha atras. Entre una lluvia de puños, Pariyakorn ha llegado dispuesta a sortear hasta el más duro golpe para seguir abriendo camino a un deporte, ahora también, femenino.

























Foto: Siraphop One Songchai

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