
'Las maravillas del mundo son innumerables pero ninguna es tan portentosa como el hombre', afirmaba Sócrates. Sin duda y sin renunciar a los innegables atractivos de la naturaleza, situamos nuestra atalaya viajera hasta la compleja policromía que representa el variopinto tapiz del género humano. Una composición dinámica de pueblos, razas y etnias cuya riqueza es el fruto de sus particularidades.
Dispuesta a deleitarme en sus matices llegué a la Malasia Peninsular mientras el tren avanzaba con despreocupado movimiento desde la lejana Bangkok. Una región donde pronto me toparía con una suerte de cóctel multicultural de sabores malayos, chinos e...