10 oct. 2011

Una óptica y algo más...

En la trastienda de una pequeña óptica del barrio Ratanakosin de Bangkok, se esconde una historia de ingenio y perseverancia. Este es el relato de un hombre creativo con una curiosa pasión: fabricar saxofones de bambú.

Foto: Danuta-Assia Othman

Se llama Wiboon Rungyuenyong. Tiene 65 años y desde hace 14 años su modus vivendi se ha visto alternado entre la óptica del mismo edificio que le vio nacer y la artesanía musical. Todo un ejemplo de superación donde se cumple el proverbio africano: "Si hay un deseo, hay un camino". Un camino lleno de obstáculos que fue superando a base de grandes dosis de paciencia y, sobre todo, ilusión.

El asunto fue como sigue. Músico aficionado a tocar la flauta, un buen día Wiboon vio en un programa de televisión a un hombre tocando un saxofón de bambú. Tal fue su asombro que al cabo de unos años tuvo la oportunidad de conocerle y así empezar a practicar de forma autodidacta. De rictus afable y carácter bondadoso, confiesa que solía escuchar la radio como referencia. Tras un largo tiempo entre notas y muchas horas después, Wiboon se lanzó a la aventura de crear uno por sí mismo. Sin saber ni cómo hacerlo ni por dónde empezar. Pero sí con una sobrada curiosidad. De nuevo tuvieron que pasar cuatro años hasta que aquel prototipo fallido que había quedado relegado en un rincón del escaparate, recobrara el aliento gracias a alguien que pasaba por allí e insistió en tocarlo. Con cierto escepticismo, cedió y para sorpresa de ambos, el saxofón de bambú sonó. Y no solo eso, sino que además sonaba bien. Este hecho fue determinante para que Wiboon aprendiera un aspecto fundamental: el bambú debía estar seco. El resto, ya es historia. La fidelidad y la constancia han dado sus frutos. Personas de todos los rincones acuden hasta este recóndito lugar de la capital para adquirir y gozar de unas joyas musicales entre sopranos y tenores.

Fotos: Danuta-Assia Othman

Paso a paso, pieza a pieza. Con el mimo y el detalle de un artesano que gusta de los placeres y la recompensa de cada logro. Atento a cada consejo y con la concentración debida que requieren los hallazagos. Y como resultado, el refinamiento y la maestría de una obra bella y delicada.

A día de hoy, Wiboon se desenvuelve con soltura en un ambiente polvoriento y cabalístico (a partes iguales) del tamaño de una pequeña habitación. Cajas apiladas y cañas de bambú sobresalen a cada paso, mires por donde mires, en una escala monocromática interrumpida por el colorido del almacenaje. Desde el color arena de las piezas que aguardan el siguiente paso a la elegancia del marrón con matices amaderados de aquellas que apunto están. Estrafalarias máquinas, originariamente creadas para trabajar gafas y modificadas ingeniosamente para adaptarlas a sus nuevas necesidades, emergen sobre columnas entre el alboroto de piezas y cachivaches de todos los tamaños. Un telón de fondo donde la magia impregna febrilmente la atmósfera de este taller tan especial.

Fotos: Danuta-Assia Othman

Un lugar donde la creatividad no conoce límites y jamás tira la toalla. Un ejemplo a seguir no válido para escépticos, pues los sueños (muchas veces) se cumplen.

Vídeo: Danuta-Assia Othman

4 comentarios:

Anónimo dijo...

If you have a dream , go for it

Danuta-Assia Othman dijo...

toda la razón, un ejemplo de ello!

Anónimo dijo...

Bonita historia...

Danuta-Assia Othman dijo...

gracias! :)

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