Mostrando entradas con la etiqueta Vietnam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vietnam. Mostrar todas las entradas

26 jun 2012

Patrimonio inmaterial

La belleza de lo intangible, aquella que refiere al alma, a la esencia del viaje. Una intransferible gratificación, impulso incontenible del siguiente paso, obedeciendo así a ese horizonte de límites indefinidos al que devotamente nos entregamos en el misterio de la palabra partir. 

Recuerdos que dibujan paisajes y estados de ánimo, momentos que, para beneficio del viajero, tienen la enorme virtud de hacernos viajar una y otra vez. Paisajes esculpidos bajo la palabra que se esfuerza por dar forma a las sensaciones y las emociones que desprende ese extracto concentrado que advertimos en la solidez del viaje reposado. Y es que ya lo decía el ilustre poeta francés, Baudelaire, ‘la belleza más perfecta es la que no se puede poseer ni comprar pero se disfruta en el recuerdo’.

Y así me encuentro, ojeando ese álbum que, sin apenas darnos cuenta, da lugar al siempre enriquecedor patrimonio inmaterial que tanto nos llena de plenitud y satisfacción. Todo eso y más sucedió el día que conocí a Xlinh, una joven vietnamita de la ciudad de Hanoi. La curiosidad por abrazar la diferencia cultural permitió que aprendiéramos de los beneficios que imprime ser conscientes de la diversidad. Con un español inversamente proporcional a mi vietnamita, Xlinh no dudó en mostrarme algunos rincones donde observar ese fabuloso rompecabezas que presenta la heterogeneidad de las culturas, y en particular, la vietnamita.

Todavía me relamo al evocar la taza de chocolate al huevo que gustosamente tomamos en un escondrijo, al que llegamos tras algunas vueltas entre las laberínticas calles y callejuelas que serpentean el casco histórico de la urbe. Una dimensión que trasciende los sentidos de la orientación, convirtiendo cualquier paso dado en toda una aventura, por muy pequeña que sea. Decía Faulknen que un paisaje sólo se conquista con la suela de los zapatos. Sí, pero para que este alcance sea completo deberemos dar un paso más, aquel que extiende cualquier comunicación articulada evaporando prejuicios, estereotipos e ideas reduccionistas.

Caminamos hasta donde nuestra conversación nos llevó, merodeando los rincones de una ciudad llena de riquezas y contradicciones manifiestas en el sugestivo y cautivador binomio del pasado y presente. Tiempo suficiente para darse cuenta de esa capacidad para acrisolar aportaciones culturales de procedencia diversa que aglutina la capital. Una muestra que atraviesa monumentos y objetos coleccionables, y que se expresa en la personalidad de sus gentes, como la de Xlinh, dispuesta a dejarse envolver por la interculturalidad de este encuentro amistoso. Una posición privilegiada que pude apreciar con más intensidad durante la comida que pasé con parte de su familia en una rutilante mañana de domingo.

Y es ahí, en el vestíbulo del recuerdo, donde me doy cuenta de la atemporalidad, de la ausencia de una fecha de caducidad que presenta, rastreando y dejándome llevar siempre que quiera por la memoria del contacto que proporciona el patrimonio cultural y humano.

Foto: Danuta-Assia Othman

Read more »

22 jun 2012

El Tío Ho, un viaje a la memoria

Llegué a Hanoi seducida por el encanto francés y una historia que se remonta al ascenso de un antiguo dragón. Un binomio magnífico donde rastrear las huellas de los objetos que conforman la memoria histórica vietnamita.

Fueron casi treinta horas de trayecto en autobús desde la vecina Vientiane. Un tiempo donde las horas se tornan elásticas, prestas a la imaginación acelerada del viajero, que fantasea impulsivamente con los escenarios desconocidos de un destino ignoto. Un espacio que acaba por confundirse borrando las referencias que utilizan los sentidos para orientarse. El devenir cotidiano de los pueblos se sucede tras la ventanilla desde la cual trato de captar mentalmente estas instantáneas que pronto formarán parte del recuerdo, ese patrimonio inmaterial que siempre enriquece e inmortaliza al viaje.

En un intento por comprender algunos rasgos de la identidad cultural vietnamita, decido sumergirme en la transmisión de la memoria de este pueblo a través de esos ‘templos del recuerdo’, que las comunidades crean para organizarse y articular así diferentes visiones del mundo. En los avatares de la historia que ofrecen las exiguas calles de esta metrópolis de edificios bajos, resulta inevitable no toparnos con uno de los grandes revolucionarios del siglo XX: el líder de la Revolución Vietnamita, Nguyen Van Coon, más conocido como Ho Chi Minh.

Foto: Google
Un personaje que ha influido de forma determinante en el imaginario colectivo de los vietnamitas. Y es que fue él quien libró la batalla más larga contra las potencias europeas. Hazañas y acontecimientos aparte, sorprenderá al viajero la importancia manifiesta a día de hoy del ‘Tío Ho’. Pues son muchos los vietnamitas que acuden en peregrinación a ver el cuerpo embalsamado del fundador del Partido Comunista de la otrora Indochina. Un ‘city tour’ al que aquella mañana decidí formar parte en este viaje particular a la memoria.

Justo al norte se yergue el inmenso Mausoleo Ho Chi Minh, en la plaza Ba Dinh, esa misma que en 1945 fue el decorado donde se proclamó la independencia de Vietnam. Un desolado páramo de masa compacta que se extiende ocupando una gran superficie, y custodiado por el monumental e imponente sepulcro de mármol, extraído de uno de los refugios del Viet Cong. La inspiración soviética de esta singular obra arquitectónica resultará obvia a la mirada del viajero, alejada así de la pretendida flor de loto que idearon sus arquitectos.

Foto: Danuta-Assia Othman
La solemnidad de esta ceremoniosa y protocolaria visita envuelve una atmósfera vigilada y custodiada por unos militares armados, encargados de controlar cualquier actitud que no proceda. Y es que tras pasar una rigurosa y estricta inspección en una cola que nos mantendrá ocupados durante un buen rato (no se pueden entrar cámaras de foto ni vídeo, tampoco bolsos o vestir de forma indecorosa, pantalones cortos incluidos), la brevedad acompañará a la visita en la gélida sala donde permanecen los restos momificados del líder vietnamita.

Fueron varias las ocasiones que me llamaron la atención, donde se me exigía la sumisión de un comportamiento de plena obediencia mientras rodeaba el petrificado cuerpo del ‘Tío Ho’ enfundado en su traje color caqui, en los escasos pasos que dibujan el recorrido. Con el rictus encallado y los brazos extendidos, este objeto de la memoria histórica se ha convertido para muchos en una inusitada atracción turística. ¿Memoria pública ó recuerdo privado? Juzguen ustedes mismos.


Read more »

5 jun 2012

Desapercibida Ho Chi Minh

Decía Oscar Wilde que 'no hay una segunda oportunidad para una primera impresión'. Tal vez por ello, el desaborido color de mi encuentro con la otrora Saigón marcó la tónica de la atmósfera durante las algo más de dos semanas que pasé en este importante centro comercial vietnamita.

Ya me habían advertido de los comienzos en esta nación de 'optimistas inquebrantables', defensores de su independencia y su soberanía, con la particularidad de la sombra del 'Tío Ho'. Y es que el orden de los factores determina, en buena medida, el resultado de nuestra experiencia en función de si empezamos desde el norte y descendemos paulatinamente, o si, por el contrario, inauguramos nuestra aventura vietnamita por el sur. Pues, en el sofisticado reino de Funan, la naturaleza se exhibe generosa en la región septentrional del país, con un césped montañoso protagonizado por radiantes arrozales, y coronados por nubes opalescentes.

El litoral tampoco se queda atrás. Este monstruo geográfico, en el sentido positivo de que está fuera de toda regla, sorprenderá al viajero que decida recorrer semejante escenario condicionado por un clima impredecible. En esta alargada e inmensa 'S' que dibuja el territorio, la orografía muestra una diversidad topográfica bañada al este por el Bien Dong, o mar de la China Meridional. Situados en la antesala de las altas mesetas de las montañas de Truong Son, en el centro de Vietnam, descendemos considerablemente hasta el delta del Mekong, el 'Cuenco de arroz' del país no sin antes toparnos con la consumista Ho Chi Minh.

Construida sobre una antigua ciudad jemer, poco queda de aquella región escasamente poblada, cubierta de bosques, pantanos y lagos que imperó hasta el siglo XVII. La modernización, si bien, llegó con la colonización. Un proceso que no ha dejado de evolucionar rápidamente, hasta convertirla en una dinámica metrópoli en continuo movimiento sacudido por un desorden que raya en el caos. Todo tipo de negocios inundan las calles en frenéticas avenidas, donde cruzar y sortear el aluvión de motocicletas se convierte en una tarea difícil de afrontar. Con un gesto y voluntad 'kamikaze', me entrego a la desbordada energía de unos conductores que, con gran destreza, sortean los cuerpos de los temidos peatones. 
 
Foto: Google

Pagodas, templos e iglesias aparte, la ciudad del sur pasa desapercibida ante la mirada de una urbe que se afana por exprimir su potencial económico, elevando unos cánticos que entonan melodías al consumismo. El posible aplauso o interés que suscitan sus nodos (lugares de interés) como el palacio de la Reunificación, la catedral de Notre-Dame, el Ayuntamiento o sus mercados, como el populoso Cho Ben Thanh (abierto desde 1914), enmudece ante unas dimensiones complejas de abordar.  
 
Y es que, tal vez, conviene silenciar los murmullos de la expectación. Aquellos mismos que anticipan la percepción del decorado ignorado y entorpecen el encuentro. Sólo así lograremos insuflarnos de la vitalidad que desprende este gran organismo vivo.
Read more »

16 abr 2012

Relato de un viaje fronterizo

Convertidas las noches en otros tantos días. Así transcurre el viaje en su recorrido por tierras vietnamitas. La opción inmediata consiste en volar hasta la capital, Hanoi, o bien aterrizar en la otrora Saigón, hoy la ciudad de Ho Chi Minh. Para viajeros de espíritu inquieto, la alternativa por tierra ofrece interesantes aventuras, siendo la más singular y memorable, aquella que te lleva desde Vientiane, Laos, hasta la metrópolis de Hanoi.

Prestando oídos a las voces del silencio, comienza un viaje en el que de poco o nada sirve atender a las manecillas del tiempo occidental. Por delante nos espera casi tres decenas de horas, las suficientes como para percibir la transformación del viaje en el arte del encuentro. La inconsciencia de un camino por descubrir alimenta la incertidumbre del viajero, pero al mismo tiempo suaviza las incomodidades de semejante empache, tan solo aliviadas por las repentinas paradas donde tratar de recobrar la compostura.



Foto: Danuta-Assia Othman 

Cansancios y molestias aparte, esta prolongada andanza constituye una inmejorable oportunidad para adentrarse desde el sigilo de los bocinazos constantes y sonantes, en una nueva escena de la mano de sus inconfundibles moradores con quienes compartes algo más que la estrechez del autocar. Y es que los vietnamitas son gente en paciente viaje, condicionados por unas dimensiones donde la reducida amplitud del país se ve sobradamente compensada por la longitud de una tierra que se extiende desde el sur de China hasta la frontera con Camboya.

Entregados al recuadro que nos ofrece la ventanilla, hacemos acopio de las maravillas que vamos revelando a medida que avanzamos al ritmo de un paisaje que con sutileza muda su apariencia. La capacidad de asombro se convierte aquí en nuestra mejor compañera de viaje, pues con ella descubrimos y nos perdemos en las emociones imperecederas que proporciona la inmensidad del detalle y nos brinda esa atmósfera irrepetible. De tanto en cuando, las estridencias del entretenimiento 'a bordo' con rostro de karaoke inagotable, nos despiertan de nuestro letargo, embelesado por todo cuanto ve. Sorprendida por un aguante acariciado por las mieles de la aventura, me asombra la facilidad con la que cedo al suspense del trayecto, sin importar demasiado la última parada y disfrutando de un camino presto a degustar para privilegio del viajero.

Los embrujos de esta tierra pronto se manifiestan bajo la epidermis de un territorio que se encabrita a merced de un relieve accidentado de montañas y bosques. Cetrinas terrazas formadas por antiguos depósitos fluviales se suceden a un lado y otro de la carretera. Y como colofón, los no menos impresionantes picos calizos de Pu Sam Sao que se extienden a lo largo de la frontera con Laos constituyen nuestra puerta de entrada al país del Dragón. La lluvia acompaña buena parte del trayecto, como muestra anticipada de un clima siempre impredecible. La humedad condensada imprime una tonalidad desteñida que apenas alcanzamos a discernir fruto de unos cristales enturbiados por el vapor del agua.

La intensidad de unas luces que se multiplican nos indican que el viaje pronto llegará a su destino. Agotada, soy presa de una dualidad que suele acompañar a todo paso fronterizo: la certeza de que la nostalgia se acerca se mezcla con el deseo de encontrar nuevos confines, nuevas esencias. Como decía un poeta anónimo, "es triste poner punto final a muchos capítulos de la vida; pero si no lo haces, es imposible redactar nuevas historias".
Read more »

29 mar 2012

El Sahara de Vietnam

Hace días que una bombilla desnuda ilumina a tientas el suelo ennegrecido de una habitación húmeda y con poco encanto. Hace frío y para colmo, la desvencijada puerta del balcón no se cierra del todo. Me cuesta recordar la última vez que vi un cielo despejado en lo que llevo de viaje por Vietnam. Embutida entre tantas capas como prendas llevo en mi mochila, trato de recuperarme de una fiebre que se ha convertido ya en compañera de viaje.

A falta de una medicación que calme este exceso de décimas, me entretengo entre caramelos de jengibre, cortesía de unos viajeros japoneses con quienes comparto habitáculo, y el trazo de un mapa donde fantaseo con el manto del trópico que hasta estas tierras me había acompañado. Necesito descansar, pero ¿hasta cuándo? La irresistible necesidad de mirar hacia delante impacienta mi desgastado ánimo. Una atmósfera enrarecida envuelve las seis camas que ocupan el dormitorio. Me pregunto si vendrá algún viajero nuevo, sólo somos cuatro. Escucho los renqueos de las motocicletas y los túk túks que discurren en una calle paralela.

A la espera de recuperar una energía que ya tarda demasiado en regresar, decido perderme en la belleza del camino recorrido. Arrollando mis recuerdos en su fluir me detengo en la inmensidad del detalle, eclipsada por una extraordinaria geografía algo desconcertante. Un lugar donde los caminos se desasosiegan y el tráfico se desatraganta a merced de un pequeño pueblo costero vietnamita anclado a veinticinco kilómetros de la ciudad de Phan Thiet. Antaño solitaria franja litoral convertida hoy en un destino popular, en la playa vietnamita por excelencia. Me encuentro en Mui Ne, una apacible localidad pesquera situada en la provincia de Binh Thuan, al sur de la costa central del país.

Al somnoliento pueblo donde aguarda una población heredera de la tradición y de tiempos pretéritos, se contrapone kilómetros de angosta playa flanqueada en su mayoría por palmeras (cada vez menos) y complejos hoteleros (cada vez más), que junto a escuelas clonadas puerta a puerta de windsurf y kitesurf componen el paisanaje con su indefectible olfato de construcción desmedida. Vientos, tumbonas y precios muy a la europea aparte, Mui Ne se distingue por su peculiar enclave natural, situado a las afueras de esta caldeada aldea. Y es que lo último que el viajero espera encontrar por estas latitudes es un desierto compuesto de dunas de arena blanca rodeadas de nenúfares. Un paisaje que merece mayor aplauso e interés a las cercanas dunas de arena rojiza ubicadas a unos siete kilómetros del pueblo. 

Foto: Danuta-Assia Othman

Acercarse hasta ellas garantiza una experiencia memorable al servicio del deleite y el disfrute de unas vistas sensacionales que nos acompañarán durante todo el trayecto, siguiendo los contornos de una costa abrupta esculpida por el mar de la China Meridional, conocido como Nan Hai y traducido como 'mar del sur'. La decepción es imposible en un lugar como este. Y hasta él decido viajar y encaminar los pasos de mi memoria desde el deslucido camastro que sostiene mi agotado cuerpo.
Read more »

14 feb 2012

Vietnam, turismo de guerra

Pocas veces una película ha influido tanto en el imaginario colectivo de toda una generación como lo hizo Apocalypse Now de Francis Ford Coppola. Un film que ha trascendido hasta alcanzar una dimensión mítica y simbólica, convirtiéndose así en un icono, 'en la película de Vietnam'. Muchos recordarán la legendaria frase que el director estadounidense pronunció en el festival de Cannes: "Ésta no es una película sobre la guerra de Vietnam, esto es Vietnam". Pues bien, ha pasado algo más de tres décadas desde su estreno y, sin embargo, su legado continúa.

Seducidos por una oferta turística dispuesta a satisfacer el fetichismo bélico del viajero, son muchos los que viajan hasta el que fuera reino de Funan buscando algo del Apocalypse Now de Coppola y Vietnam se lo ofrece, a cambio de un puñado de dólares. Una nación de inquebrantables optimistas capaces de convertir un pasado relativamente reciente en una oportunidad de negocio que se esconde tras los campos de batalla, los museos de guerra y los lugares históricos. 

Foto: Danuta-Assia Othman
 
Mientras el país repite su mantra "Vietnam es un país, no una guerra", las agencias de viaje bajo el paraguas del Ministerio de Turismo vietnamita fomentan las visitas utilizando todo tipo de reclamos, exhibiendo así a un pueblo que no oculta sus heridas de guerra. Recuerdos que se convierten en una especie de atracción turística en lo que supone un viaje iniciático en la historia para unos y un peregrinaje doloroso para otros. El singular recorrido permite mostrar algunos escenarios de guerra como piezas de un rompecabezas narrativo.

No importa por dónde se empiece, las opciones de este turismo de guerra atraviesan la geografía vietnamita en un claro ejemplo de cómo sacarle rentabilidad a un hecho que se cobró la vida de tres millones de vietnamitas. Las guías de viaje insisten pues en que visitemos muesos de los vestigios de la guerra, monumentos a los héroes caídos como el mausoleo de Ho Chi Minh en Hanoi, amén de toda clase de souvenirs, desde los emblemáticos cascos del Vietcong, condecoraciones, falsos mecheros Zippo supuestamente extraviados por marines estadounidenses hasta camisetas con la imagen del 'Tío Ho', por mencionar algunos ejemplos. El turista quizás encuentre el plato fuerte en los claustrofóbicos túneles Cu Chi, situados a 70 kilómetros al norte de Saigón ( rebautizada Ho Chi Minh ). Más de 200 kilómetros de extensión que comenzaron en 1948. La guinda de este amargo pastel alcanza su cenit ante la posibilidad de disparar un fusil Kalashnikov con munición real.

 Foto: Danuta-Assia Othman

Foto: Danuta-Assia Othman

Habrá que preguntarse si al final del 'viaje' se tiene una visión global e impactante de todo el conjunto, en una imprescindible y necesaria toma de conciencia sobre el significado y el fondo moral de la guerra. Un espacio de reflexión que bucea en el carácter del combate. Esto implica que el asunto importante del conflicto, el de sus consecuencias, quizá hace ya tiempo que se ha banalizado o tergiversado a costa de llenarse los bolsillos. Juzguen ustedes mismos.
Read more »

11 feb 2012

El cuarto elemento

Nuestro invitado se presenta como la arteria vital del sudeste asiático, un icono geográfico de la otrora Indochina. Se erige como pilar indiscutible e indisociable de la riqueza de esta región. Sustento y fuente de ingresos de miles de personas, en sus márgenes han proliferado aldeas y pueblos. Su idiosincrasia y magnitud le lleva a protagonizar numerosas festividades de sabor local como el Bon Om Tuk en Camboya durante el mes de noviembre, amén de una literatura que encuentra en él su inspiración. Llanuras, montañas, costas, manglares e islas completan la orografía de un espectáculo que se escribe con mayúsculas: el imponente y majestuoso río Mekong. 


Foto: Danuta-Assia Othman

Conocido popularmente como la puerta del sudeste asiático, su nombre evoca numerosas historias, algunas de ellas elevadas a la categoría de mito. Relatos de un ayer no tan lejano cuando, recordemos, los franceses intentaron sin éxito encontrar una ruta navegable río arriba hacia China.  

Desde tiempos ya idos, son muchos los que se han visto seducidos por la estela de la madre de todas las aguas. Convertido en leyenda, puede presumir de ser el único de los ríos asiáticos que discurre por seis países. Un vasto recorrido que se acerca a los cinco mil kilómetros donde atraviesa una misma región compartida por realidades variopintas que responden a culturas distintas en un viaje cuyos orígenes hay que buscarlos en la meseta tibetana en China y continuar por Birmania, Tailandia, Laos y Camboya para desembocar en Vietnam, lugar en el que exhibe su esplendor con sus nueve brazos hasta abandonar sus aguas al mar de la China Meridional. Un camino que aguarda el legado de un historia trufada de sucesos y relieves determinados por el paso estratégico que marca el curso del río.

Para capturar el espíritu de tan majestuoso enclave basta con esperar a que termine la estación de lluvias y adentrarse por alguno de sus interminables y encantadores trayectos a bordo de un transbordador de pasajeros o un barco de mercancías. Sus afluentes como el Nam Ou a su paso por el norte de Laos, se presentan como una alternativa suculenta alejada de las rutas más concurridas que convierten la navegación en una experiencia carente de encanto y atestada por un curioso grueso de extranjeros con 'ganas de pasarlo bien'.  Una estampa repleta de detalles que variarán en función del lugar en el que nos encontremos. Y es que estamos ante un accidente geográfico políglota que obedece a diferentes nombres como Lancang ( en China ), Ménom Khong ( en Laos ), Tonlé ( en Camboya ) o Mae Nam Khong ( en Tailandia ). De la contracción de esta última debe su nombre popular conocido por todos como 'Mekong'.


Foto: Danuta-Assia Othman


Foto: Danuta-Assia Othman

Algunos tramos como el delta del Mekong o Cuu Long en Vietnam, han sucumbido al apetito de un turismo de masas ávido por lo exótico, convirtiendo una necesidad en una realidad ficticia que ralla lo circense. La reflexión encuentra su 'butaca' en los peligros que hoy en día amenazan la salud del río: desde la contaminación y la construcción desmedida de presas por parte de las empresas hidráulicas a la práctica de técnicas de pesca agresivas que aceleran la destrucción de su ecosistema. Dada su importancia, sorprende saber que no existe ninguna política medio ambiental, una delicada situación de complicadas consecuencias si consideramos la absoluta dependencia vertebradora de las gentes que lo habitan. Un impacto innegable a valorar y a reconsiderar en unas aguas que se mueven en un futuro incierto. 
Read more »

1 ene 2012

Una mujer sobre ruedas

Os presento a una mujer que tiene por nombre 'viajera' y por apellidos 'intrépida' e 'inconformista'. Esta es la historia de una joven aventurera de espíritu inquieto. Con el mapa abierto en busca de nuevos horizontes, nuevas sensaciones y nuevos aprendizajes, Johanna Panzani con tan solo dos décadas en su mochila, se lanzó en un viaje de tres semanas que le llevaría a recorrer en una modesta motocicleta la vasta geografía vietnamita, de norte a sur. Una peripecia movida por una infinita curiosidad por conocer otras realidades alejadas de una ruta a menudo trillada de la que resulta complicado escapar.


Read more »

28 dic 2011

Una cultura a sorbos

Al arrimo de una buena taza de té. Así parece haberse escrito la historia de Vietnam, o al menos unas líneas.Y es que si de algo se impregnan los sentidos del viajero a su paso por la orografía vietnamita es la cantidad de establecimientos, unos más improvisados que otros, que ofrecen el trá. Un consumo que le confiere al té el carácter de bebida nacional. 

Por la mañana, tarde o noche, cualquier momento resulta idóneo para disfrutar a cada sorbo de este brebaje que seduce a todos por igual y cuenta con una historia milenaria que hunde sus raíces en la influencia china, fuertemente arraigada en el Sudeste Asiático. Un ritual que eleva a cotas significativas su importancia a nivel cultural. No en vano, Vietnam se presenta como uno de los países productores más antiguos de té. De norte a sur, incontables plantaciones de té se suceden en una variedad que se extiende generosa y sorprende al paladar de quien quiera. 

 Foto: Danuta-Assia Othman

 Foto: Danuta-Assia Othman

Dispuesta a sumergirme entre sus muchos beneficios recorro las calles de Hanoi en busca de esta preciada bebida popular. No hace falta dar grandes pasos para dar con ella. Cada taller, oficina, comercio e incluso esquina tiene lo necesario para complacerse. Un protagonismo que se exhibe discreto a juzgar por su presentación. Sentados en diminutos taburetes entorno a una mesa de similares dimensiones, los vietnamitas ingieren el trá ya sea frío o caliente pero casi siempre sin azúcar. Té negro, té blanco, té verde o el singular té de loto cuyo aroma no dejará indiferente gracias a un sabor singular y distintivo a los demás.

Fruto de una conversación entre lugareños surge el nombre de un lugar conocido por su alta calidad y su especialidad en té vietnamita. Mientras un nutrido grupo de teashops asoman aquí y allá entre las calles de la capital, solo algunas pueden presumir de ofrecer una genuina experiencia.  Pero como todo lo bueno, conviene indagar hasta lograr su hallazgo. Una tarea que requiere paciencia pero que promete a cambio una degustación memorable. Situada en un callejón de un barrio del extrarradio, se encuentra 'Lu Tra Quan' (206B6 Thanh Xuan Bac, Thanh Xuan). Con un horario que invita al madrugón o a la nocturnidad (abren de 8.30 a.m. a 11 a.m. y de 8 p.m. a 11 p.m.), este establecimiento cuenta con una trayectoria que supera las dos décadas. Un tiempo considerable cuya clientela se mantiene fiel gracias en parte a una carta que varía cada día.

 Foto: Danuta-Assia Othman

 Foto: Danuta-Assia Othman

A unas horas para que se acabe el día, consigo llegar tras algún autobús que otro acompañada por cierta desorientación. Un tiempo invertido que sin duda merece la pena. La noche ha comenzado y apenas queda un hueco. Asiduos de todas las edades acuden hasta este desapercibido rincón para compartir una deliciosa taza de té. La sorpresa viene dada por una cuidada selección amén de unos dulces que contrarrestan el amargor propio de este elixir. El ritual se completa con unas conversaciones que giran entorno a la poesía salpicada por algunos temas de actualidad. El ambiente rezuma la tranquilidad y el sosiego propios de una atmósfera en calma. Una luz ténue aporta la calidez inherente de un lugar que sabe a tradición e historia, incólume ante el paso del tiempo. La singularidad de este escondrijo convierte en obligada su visita.

Si consideramos un destino resultado de los recuerdos construidos por nuestros sentidos, esta valiosa y respetada infusión ocupa sin duda un primer plano en nuestra memoria. El ritual se repite adonde quiera que vayamos en nuestro periplo, seña de identidad del pueblo vietnamita. Sucumbir a sus encantos supone adentrarse en una ceremonia compleja que nos permitirá apreciar la personalidad de una cultura que se muestra rica y variada. Una pieza imprescindible del puzzle de Vietnam.

 
 


Read more »

25 dic 2011

Galería Vietnam

Tras un viaje por la geografía vietnamita, una selección de las mejores imágenes captadas por la cámara de Viajes en Caleidoscopio.

Fotos: Danuta-Assia Othman

Read more »

22 dic 2011

Hoi An, un destino light

Suave, sencillo y sin sobresaltos. De recorrido simple donde la comodidad se da la mano con la sencillez y la tranquilidad. Así se presenta Hoi An, una pequeña ciudad situada en la costa del mar de la China Meridional. Una agradable mezcla de unos días que recuerdan al ayer y emergen envueltos por el encanto de una restauración que se esfuerza por conservar un rico legado arquitectónico. Culturas como la china, la japonesa y la europea todavía permanecen en unos edificios que parecen resistirse a los tiempos modernos. 

Destino apacible por antonomasia, pasar unos días entre sus soñolientas calles empedradas reconforta y evade a partes iguales. Sus días transcurren entre placenteros paseos por callejones donde perderse y zambullirse en otro tiempo con un horizonte que descansa a orillas del río Thu Bon, a tan solo unos kilómetros de distancia de la costa. Resulta fácil imaginarse cómo era la vida en esta localidad ribereña, cuando destacaba como próspero puerto comercial en el s.XVI, amén de un importante centro de intercambio cultural entre Oriente y Occidente. El pasado nunca fue tan rentable en este encantador lugar cuyo casco antiguo atrae todas las miradas bajo una cadena de tiendas de souvenirs con aspecto de museos.

 Foto: Danuta-Assia Othman

 Foto: Danuta-Assia Othman

Templos, pagodas, comercios, casas comunales y viviendas conviven al compás del tiempo en una coctelera que mantiene intacto el sabor añejo. Una degustación a menudo servida en una especie de parque temático que ostenta la distinción de Patrimonio de la Humanidad reconocido por la UNESCO. Y es que la que fuera conocida como Faifo con la llegada de portugueses y españoles, se ha convertido en un concurrido destino turístico. Los locales parecen decididos a sacarle partido en una estrategia de propios y extraños haciendo de Hoi An una versión vietnamita de la laureada Luang Prabang. Una propuesta de lo más atractiva y sugerente para el viajero de bolsillo holgado.

Para aquellos que disfruten en el plano visual encontrarán en sus edificios una valiosa diversidad arquitectónica con un estilo refinado. Desde el fotogénico Lai Vien Kieu o Puente Cubierto Japonés con más de cuatro siglos a sus espaldas hasta el templo Chua Quan Cong en representación de la historia china. Por su parte, los edificios civiles también gozan de cierto protagonismo, en particular la Casa Tan Ky. La estructura se repite bajo una construcción de doble altura con una fachada que se alarga y comunica con dos calles a través de un patio interior ajardinado. Las diferencias se encuentran en la decoración y el arte escultórico que colman las estancias de exóticos muebles antiguos.


Foto: Danuta-Assia Othman

Por si no fuera suficiente, la oferta de Hoi An amplia su escaparate bajo el gremio de los sastres. Puerta a puerta se suceden incontables tiendas donde abandonarse al capricho de un traje o lo que sea. La rapidez (en menos de 24 horas) y unos precios competitivos encandilan al turista ávido de gangas. Quienes decidan ir por libre, este simpático lugar tiene reservado unas panorámicas en forma de playas semidesiertas donde observar por unos instantes la vida de los pescadores locales. Imprescindible si se quiere tomar el pulso del día a día. Sea como fuere, la ligereza de este cautivador rincón donde el deleite se convierte en condición sine qua non atrapará a más de uno.

Foto: Danuta-Assia Othman 

 Foto: Danuta-Assia Othman


Read more »

19 dic 2011

Una travesía de postal

Imprevistos que merecen la pena y le recuerdan a uno la importancia de dejarse llevar por las recomendaciones de otros viajeros. Un encuentro con otras dos nómadas de inquietudes similares bastaría para embarcarse en una aventura que tendría su merecida recompensa en forma de un paisaje de belleza inigualable: Tam Coc. Como todo viaje inesperado, el listón de las expectativas pasa a segundo plano. Una situación favorable que potencia el efecto sorpresa donde el recuerdo se torna memorable y su huella, imborrable.


Read more »

16 dic 2011

Una ciudad pasada por agua

Rostros desdibujados por la lluvia caminan cabizbajos resguardados tras unos sombreros cónicos. Mientras, un cielo encapotado imprime la atmósfera de un gris perpetuo. Una bucólica estampa acompañada por unas calles semidesiertas que despiertan un encanto que sabe a nostalgia y a melancolía. Las voces de la ciudad acallan a la espera de poder continuar con sus quehaceres. Así es como llegué a la antigua ciudad imperial de los reyes Nguyen, Hue, una lluviosa y fría mañana.


Read more »

13 dic 2011

Una bahía congestionada

Érase una vez una bahía esculpida por impresionantes formaciones rocosas, antaño escenario de gloriosas victorias y un puerto comerciante de corte internacional que presume de ser el primero y más antiguo de Vietnam. Hogar de varias comunidades de pescadores, la Bahía de Halong hospeda a más de 1.500 personas en un habitat cuyo ecosistema alberga una flora y una fauna endémicas. Una ambiciosa obra escultórica de la naturaleza rodeada por unas aguas protagonistas de leyendas e historias que permanecen ajenas al paso del tiempo.

Su magnificiencia le ha otorgado el título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una distinción que mantiene desde hace casi dos décadas. Dos décadas cuyo rendimiento ha forzado la máquina hasta decir basta. Bajo el paraguas de una biodiversidad singular amén de su valor histórico, centenares de agencias turísticas se frotan las manos en un negocio que, lejos de proporcionar el disfrute garantizado, olvida la atención que requieren este tipo de maravillas naturales. Y es que, desde entonces, el número de turistas se ha multiplicado convirtiendo en mero espectáculo este impresionante paraje natural. Basta darse una vuelta por la vecina capital vietnamita para darse cuenta hasta dónde llega la oferta. Opciones para todos los gustos con un resultado, sin embargo, similar. 

Cada día sin excepción, decenas de embarcaciones transportan a los turistas hasta las cuevas o playas de la bahía. Un trayecto cuyo goce se ve interrumpido a menudo por la cantidad desmesurada de navíos a pesar de los más de 1.500 islotes en una extensión que supera los 4.000 kilómetros cuadrados. La preservación y sostenibilidad son dos conceptos que, al parecer, todavía no han calado en la conciencia del bolsillo vietnamita. Las autoridades han construído numerosos muelles y hasta un casino-hotel frente a una de las islas. Por su parte, el combustible y el aceite de los barcos ponen en entredicho la buena praxis de la industria del viaje.

 Foto: Danuta-Assia Othman

 Foto: Danuta-Assia Othman

Resulta complicado no verse tentado a caer en las redes del tour organizado donde, aparentemente, solo debes preocuparte en disfrutar de este decorado excepcional. Por contra, la letra pequeña aparece diluida bajo sonrisas donde el reclamo poco o nada tiene que hacer. La expectación, para algunos, conviene dejarla en la habitación del hotel para evitar el sinsabor de la aventura prometida. Descubrir el esplendor de la Bahía de Halong dependerá del listón que cada uno lleve en la mochila a expensas de la cartera. En cualquier caso, resulta innegable la fascinación que despierta la belleza de este lugar sacado de un mundo legendario. 

La leyenda recurre a un dragón celestial que esculpió trozos de jade para frenar la invasión china proveniente del mar. Un mito que, de ser cierto, parece repetirse en un contexto donde solo varía la procedencia de los cruceros. La fama tiene un precio, un coste quizás excesivo que conlleva un potencial riesgo para el buen mantenimiento de este prodigio fuera de lo común.

 Foto: Danuta-Assia Othman
Read more »

10 dic 2011

Hanoi, una cita con la historia

En un barrio cuya historia milenaria convive con las prisas de los conductores y sus ensordecedoras bocinas, el espíritu del Vietnam histórico permanece bajo una interesante enredadera de calles, callejuelas y mercados del bullicioso casco antiguo colonial. Imágenes, sonidos y olores se superponen a cada paso y nos trasladan cientos de años atrás donde 36 gremios de artesanos dieron vida al corazón comercial de Hanoi.

Un hervidero constante, Patrimonio de la Humanidad, que exhibe un comercio incesante sin parangón. Una de las zonas más concurridas y singulares de la capital vietnamita. Una pieza de museo sometida, sin embargo, al vertiginoso ritmo asiático. En este camino sin retorno, sorprende la historia de un hombre dispuesto a ser la excepción y a continuar con el legado de un oficio que lleva a sus espaldas varias generaciones manteniendo a flote una tradición en vías de extinción.
 
Se llama Nguyen Thuong Hung, tiene 52 años y desde hace más de dos décadas regenta el que parece ser el último taller de herreros de la emblemática calle Lo Ren, más conocida como 'Blacksmith Street'. Discreto y de escasos metros cuadrados, el local está situado en una esquina a caballo entre dos mundos condenados a entenderse: los restos del ayer frente a una imagen contemporánea de restaurantes, cafés y hoteles que satisfacen una demanda turística en aumento. En medio de estos dos polos opuestos se sitúa Nguyen como último sucesor de un negocio familiar que ha perdurado durante tres generaciones. Y es que los nombres de las calles del casco antiguo de Hanoi apenas representan al producto que allí se vendían. Calles como la de la seda, el algodón, el papel o las hierbas medicinales luchan por sobrevivir en un espacio donde el souvenir parecer ser el único reclamo. 

 Foto: Danuta-Assia Othman

Con el gesto propio de un hombre anclado en el pasado, Nguyen trabaja con ahínco entre el yunque y el torno. Unas manos robustas ennegrecidas por el hollín sostienen cada pieza con la sabiduría de quien toma por artesanía un oficio que exige duras condiciones físicas. Nguyen permanece fiel a su propósito de rescatar este tipo de herrería vinculada al arte. Y es que el único dispositivo eléctrico de este menudo estudio es un ventilador de 1954 protagonista de un espectáculo pirotécnico que emerge de las brasas cada vez que dirige su dial. 

 Foto: Danuta-Assia Othman

La dureza de la materia prima se transforma ante el calentamiento incandescente del carbón que con conocimiento aplica este hombre de estatura menuda y fuerza perfeccionada. El esfuerzo de Nguyen representa a un recuerdo de un modo de vida y sistema de producción donde tenía cabida el trabajo bien hecho. Unos pasos en la forja dados desde la vocación con la que sostiene esta profesión. Defensor a ultranza de la capacidad de crear, Nguyen mantiene una clientela fiel que reclama sin pausa su labor.

Con la gracia y maestría de un hombre curtido, Nguyen desafía a los nuevos tiempos mientras, martillo en mano, moldea su siguiente obra. Una escasa iluminación inunda el ambiente interrumpido por el resplandor anaranjado del metal. El óxido reposa en cada rincón ofreciendo una imagen trabajada cargada de memoria y testigo de lo pretérito. Rejas, herraduras, utensilios de cocina y hasta alguna espada para una obra de teatro conforman el trabajo de una tarea consabida dando lugar a un patrimonio etnológico que conviene preservar.
Read more »