16 de jul. de 2012

Nacidos en el Estrecho

'Las maravillas del mundo son innumerables pero ninguna es tan portentosa como el hombre', afirmaba Sócrates. Sin duda y sin renunciar a los innegables atractivos de la naturaleza, situamos nuestra atalaya viajera hasta la compleja policromía que representa el variopinto tapiz del género humano. Una composición dinámica de pueblos, razas y etnias cuya riqueza es el fruto de sus particularidades.

Dispuesta a deleitarme en sus matices llegué a la Malasia Peninsular mientras el tren avanzaba con despreocupado movimiento desde la lejana Bangkok. Una región donde pronto me toparía con una suerte de cóctel multicultural de sabores malayos, chinos e hindúes. Semejante encuentro tuvo lugar en Penang, un aperitivo que terminaría por completarse en la sureña ciudad de Malaca.Y es que uno de los pueblos más célebres son los peranakan, cuyo origen se remonta hasta el siglo XVI, cuando inmigrantes chinos llegaron hasta estas costas y muchos de ellos se casaron con mujeres malayas. Tras casi cinco siglos de enriquecedora fusión, la cultura baba nyonya ('hombres' y 'mujeres') continúa, seduciendo el paladar del viajero con su deliciosa cocina donde se dan cita la gastronomía china, malaya e indonesia.

Repleto de aromas del ayer, las notas intensas dibujan un camino que comienza despertando nuestro interés con una arquitectura barroca y abigarrada, prueba del poder económico que llegaron a atesorar los comerciantes de la China meridional que se instalaron en importantes enclaves comerciales como Singapur, Malaca y Penang. Unas obras hoy convertidas en museos o encantadores alojamientos, donde conversar con los hospitalarios propietarios y descubrir así los detalles de esta singular etnia. Pues, a pesar de que mantienen su religión original, comparten las costumbres, el idioma y la vestimenta propiamente malayas.

Foto: Museo Peranakan de Penang.

'Chinos en espíritu y malayos en forma', me comenta el propietario de un establecimiento situado en la concurrida calle Chulia de Georgetown, mientras me sirve un delicioso cendol (un refrescante postre hecho a base de hielo picado, leche de coco, habas rojas, gelatina en tiras y azúcar de palmera). Así se definen los peranakan. Una variedad y multiplicidad de formas asaltan la percepción del viajero fruto de este crisol étnico y religioso. Profundizar a través de la delicadeza de esta sofisticada comida garantiza la puerta de entrada a un mundo de sabores y texturas sorprendentes.
Read more »

11 de jul. de 2012

Kep, 'el Saint-Tropez camboyano'

No tiene bancos ni cajeros automáticos. Tampoco abunda la oferta de pomposos alojamientos diana de bolsillos pudientes y holgados. Su atmósfera desprende una relajada dejadez donde los días transcurren a merced de unos vientos que soplan a placer.

Recorro sus descampadas calles mientras mi imaginación viaja a los tiempos en que esta pequeña localidad en la costa sur de Camboya, se transformó en una suerte de retiro colonial francés. Un pasado elitista, el Saint-Tropez camboyano, a quienes los colonos franceses bautizaron 'la Perle de la Côte d'Agathe'. Y es que en este pueblo costero, los tiempos pretéritos forman parte de un presente aletargado, fruto de una inactividad marcada por el régimen de los jemeres rojos, hoy convertido en un sosegado paraíso para reposo del viajero.

Un césped montañoso cubre los frondosos alrededores que la custodian. Un boscoso abrigo que proteje este lugar colgado en el tiempo, donde las villas de principios de siglo XX todavía conservan sus estructuras decrépitas, evocando así el espíritu de unos tiempos despreocupados. Tras unas semanas entre el ardoroso pavimento de Phnom Penh, el sur me pareció inesperadamente fresco y lozano. Sus campos, de rostro cetrino, anunciaban el comienzo de la estación seca, mientras que las migajas de una sutil lluvia confería una húmeda riqueza al aire que resultaba casi dulce.

Seducida por el rumor de una hilera de chozas frente al mar, encaminé mis pasos hasta lo que parecía un espontáneo mercado pues la vida, en este rincón, está ligada a los recursos que proporciona las aguas del Golfo de Tailandia. El trasiego del gentío a la caza del mejor marisco y, en particular, el afamado y popular cangrejo que conservan vivos en cestas atadas junto a la orilla, rotulan el paisanaje gastronómico de Kep. Una delicia sazonada por la no menos admirada pimienta de su vecina Kampot. Una motivación para muchos más que justificada por la que acercarse hasta esta soñolienta localidad.

Foto: Danuta-Assia Othman

Los robinsones vocacionales encontrarán aquí un destino en un aparente enclave de aire silencioso, tan sólo interrumpido por el rumor de un oleaje que nos hace levantar la mirada y depositarla en el horizonte de límites indefinidos que ofrece. 

Foto: Danuta-Assia Othman
Read more »

5 de jul. de 2012

El exilio birmano

En la delicadeza de unas líneas que separan, marcan y fragmentan algo más que una extensión, subsisten desde hace décadas en campos de refugiados entre 130.000 y 200.000 birmanos. Funambulistas de un destino oprimido por el ejército birmano, se convierten en acróbatas de la delicada y quebradiza cuerda floja que sustenta sus vidas.

Un destino suspendido en un dilatado paréntesis que espera (im)paciente en los márgenes de la única carretera que atraviesa las herbosas cumbres dentadas del norte de Tailandia. Una imagen que el marco de la ventanilla de la furgoneta en la que voy sentada, retiene la escena por unos instantes haciendo de ella un vívido cuadro. Un cuadro compuesto por una frontera que acoge a diez campos de refugiados, una población indígena en su mayoría perteneciente a la etnia karen que llega en busca de asilo frente a las graves violaciones de derechos humanos que la junta ha perpetuado.

Foto: Nicolas Asfouri.

Es el alfa y el omega, aquí comienza y acaba todo. Una esperanza tal vez truncada que depende de la ayuda humanitaria, pues el gobierno tailandés no les permite salir de los campos, renunciando así al acceso de una ciudadanía y la posibilidad de trabajar libremente, me cuenta Mery, una voluntaria que trabaja con aquellos que no 'tienen tanta suerte' y viven a la sombra, en la inseguridad y el miedo de una posible deportación. Reducimos la marcha en un intento por retener aquella imagen que el negocio mediático se ha ocupado de mantener en la perifera, desviando un necesario y urgente foco de atención. Le pregunto a Mery si podemos entrar pero me dice que no, necesitaríamos una acreditación difícil de conseguir.

Persigo con la mirada la estela de unos rostros confinados tras las alambradas de espinos que rodean a esta prolongada situación de refugio sujeta, en inquietantes ocasiones, a los temidos programas de reasentamiento. Avanzamos en una ruta ensombrecida por la reflexión de un bandera que ondea, a media asta, injusticia y sinrazón.

 
Read more »

30 de jun. de 2012

Una geografía de género

'Lo cierto es que somos viajeros literarios', apuntó con su resuelta pluma el novelista y escritor de viajes inglés Bruce Chatwin. Unas irrefutables palabras para quienes, como una servidora, apuntamos los primeros esbozos del viaje hacia un horizonte delineado y habitado por la siempre evocadora, fascinante y tentadora literatura de viajes. 

Y es que nos encontramos ante un género al que encomendar las ensoñaciones de nuestros pasos, realicemos o no el anhelado viaje. Narraciones que a través de la fortaleza de la palabra han surcado los rincones de este planeta hasta hacerse un hueco en la narrativa del destino. Cicerones literarios, ríos de tinta que nos abren a experiencias perceptivas que muchos han utilizado en la construcción de sus recuerdos de viaje.

En este sugestivo universo, la balanza del género queda sobradamente descompensada hacia un compendio de obras que rezuman testosterona. Una desigual tradición cuyas raíces se remontan hasta el siglo XIX, tiempos en los que las mujeres eran consideradas 'una plaga en los viajes y en las exploraciones difícil de combatir', como declaró un periodista de The Times. Además de ser excluídas como miembros de numerosas instituciones científicas y geográficas. 'Su sexo y su entendimiento las hacen ineptas para la exploración y este tipo de trotamundos femeninos es uno de los mayores horrores de este fin de siglo XIX', expresarían algunos con franqueza brutal como el político conservador Lord Curzon. Un patrimonio considerado sólo para hombres al que las mujeres victorianas se enfrentaron y desafiaron con la valentía y la tenacidad de quien abraza a la temeridad y a la seducción de una ambulante vida.

Foto: Google
Una situación que, por fortuna, abrió un nuevo capítulo tiempo después cuando Isabella Bird se convirtió en la primera mujer miembro de la Real Sociedad Geográfica de Londres en 1892, más de sesenta años después de su fundación. A otros como al Explorers Club les costaría bastante más admitir entre sus filas a una mujer, una cita que se retrasó hasta 1981. Una ansiada ruptura categórica pespunteada por el comienzo de una larga lista de intrépidas y aventureras que aún a día de hoy deben sortear las pretéritas limitaciones asociadas al género. Con unas costuras aún por remendar, cada vez son más las sociedades y asociaciones vinculadas al viaje que, ante una admisión engorrosa deciden tomar la iniciativa. Tal es el caso de La Sociedad de Mujeres Geógrafas, creada en Washington en 1925 por cuatro amigas dedicadas al mundo de la geografía, la antropología o la exploración.

En un escenario cuya naturaleza está por encima del rostro femenino o masculino del viaje, cuesta creer la división reiterada de un fenómeno, el del viaje y su institucionalización, al que todavía le cuesta salir de la persistencia de la desigualdad de género en este camino de avances y retrocesos. ¿Hasta cuándo?


Read more »

26 de jun. de 2012

Patrimonio inmaterial

La belleza de lo intangible, aquella que refiere al alma, a la esencia del viaje. Una intransferible gratificación, impulso incontenible del siguiente paso, obedeciendo así a ese horizonte de límites indefinidos al que devotamente nos entregamos en el misterio de la palabra partir. 

Recuerdos que dibujan paisajes y estados de ánimo, momentos que, para beneficio del viajero, tienen la enorme virtud de hacernos viajar una y otra vez. Paisajes esculpidos bajo la palabra que se esfuerza por dar forma a las sensaciones y las emociones que desprende ese extracto concentrado que advertimos en la solidez del viaje reposado. Y es que ya lo decía el ilustre poeta francés, Baudelaire, ‘la belleza más perfecta es la que no se puede poseer ni comprar pero se disfruta en el recuerdo’.

Y así me encuentro, ojeando ese álbum que, sin apenas darnos cuenta, da lugar al siempre enriquecedor patrimonio inmaterial que tanto nos llena de plenitud y satisfacción. Todo eso y más sucedió el día que conocí a Xlinh, una joven vietnamita de la ciudad de Hanoi. La curiosidad por abrazar la diferencia cultural permitió que aprendiéramos de los beneficios que imprime ser conscientes de la diversidad. Con un español inversamente proporcional a mi vietnamita, Xlinh no dudó en mostrarme algunos rincones donde observar ese fabuloso rompecabezas que presenta la heterogeneidad de las culturas, y en particular, la vietnamita.

Todavía me relamo al evocar la taza de chocolate al huevo que gustosamente tomamos en un escondrijo, al que llegamos tras algunas vueltas entre las laberínticas calles y callejuelas que serpentean el casco histórico de la urbe. Una dimensión que trasciende los sentidos de la orientación, convirtiendo cualquier paso dado en toda una aventura, por muy pequeña que sea. Decía Faulknen que un paisaje sólo se conquista con la suela de los zapatos. Sí, pero para que este alcance sea completo deberemos dar un paso más, aquel que extiende cualquier comunicación articulada evaporando prejuicios, estereotipos e ideas reduccionistas.

Caminamos hasta donde nuestra conversación nos llevó, merodeando los rincones de una ciudad llena de riquezas y contradicciones manifiestas en el sugestivo y cautivador binomio del pasado y presente. Tiempo suficiente para darse cuenta de esa capacidad para acrisolar aportaciones culturales de procedencia diversa que aglutina la capital. Una muestra que atraviesa monumentos y objetos coleccionables, y que se expresa en la personalidad de sus gentes, como la de Xlinh, dispuesta a dejarse envolver por la interculturalidad de este encuentro amistoso. Una posición privilegiada que pude apreciar con más intensidad durante la comida que pasé con parte de su familia en una rutilante mañana de domingo.

Y es ahí, en el vestíbulo del recuerdo, donde me doy cuenta de la atemporalidad, de la ausencia de una fecha de caducidad que presenta, rastreando y dejándome llevar siempre que quiera por la memoria del contacto que proporciona el patrimonio cultural y humano.

Foto: Danuta-Assia Othman

Read more »

22 de jun. de 2012

El Tío Ho, un viaje a la memoria

Llegué a Hanoi seducida por el encanto francés y una historia que se remonta al ascenso de un antiguo dragón. Un binomio magnífico donde rastrear las huellas de los objetos que conforman la memoria histórica vietnamita.

Fueron casi treinta horas de trayecto en autobús desde la vecina Vientiane. Un tiempo donde las horas se tornan elásticas, prestas a la imaginación acelerada del viajero, que fantasea impulsivamente con los escenarios desconocidos de un destino ignoto. Un espacio que acaba por confundirse borrando las referencias que utilizan los sentidos para orientarse. El devenir cotidiano de los pueblos se sucede tras la ventanilla desde la cual trato de captar mentalmente estas instantáneas que pronto formarán parte del recuerdo, ese patrimonio inmaterial que siempre enriquece e inmortaliza al viaje.

En un intento por comprender algunos rasgos de la identidad cultural vietnamita, decido sumergirme en la transmisión de la memoria de este pueblo a través de esos ‘templos del recuerdo’, que las comunidades crean para organizarse y articular así diferentes visiones del mundo. En los avatares de la historia que ofrecen las exiguas calles de esta metrópolis de edificios bajos, resulta inevitable no toparnos con uno de los grandes revolucionarios del siglo XX: el líder de la Revolución Vietnamita, Nguyen Van Coon, más conocido como Ho Chi Minh.

Foto: Google
Un personaje que ha influido de forma determinante en el imaginario colectivo de los vietnamitas. Y es que fue él quien libró la batalla más larga contra las potencias europeas. Hazañas y acontecimientos aparte, sorprenderá al viajero la importancia manifiesta a día de hoy del ‘Tío Ho’. Pues son muchos los vietnamitas que acuden en peregrinación a ver el cuerpo embalsamado del fundador del Partido Comunista de la otrora Indochina. Un ‘city tour’ al que aquella mañana decidí formar parte en este viaje particular a la memoria.

Justo al norte se yergue el inmenso Mausoleo Ho Chi Minh, en la plaza Ba Dinh, esa misma que en 1945 fue el decorado donde se proclamó la independencia de Vietnam. Un desolado páramo de masa compacta que se extiende ocupando una gran superficie, y custodiado por el monumental e imponente sepulcro de mármol, extraído de uno de los refugios del Viet Cong. La inspiración soviética de esta singular obra arquitectónica resultará obvia a la mirada del viajero, alejada así de la pretendida flor de loto que idearon sus arquitectos.

Foto: Danuta-Assia Othman
La solemnidad de esta ceremoniosa y protocolaria visita envuelve una atmósfera vigilada y custodiada por unos militares armados, encargados de controlar cualquier actitud que no proceda. Y es que tras pasar una rigurosa y estricta inspección en una cola que nos mantendrá ocupados durante un buen rato (no se pueden entrar cámaras de foto ni vídeo, tampoco bolsos o vestir de forma indecorosa, pantalones cortos incluidos), la brevedad acompañará a la visita en la gélida sala donde permanecen los restos momificados del líder vietnamita.

Fueron varias las ocasiones que me llamaron la atención, donde se me exigía la sumisión de un comportamiento de plena obediencia mientras rodeaba el petrificado cuerpo del ‘Tío Ho’ enfundado en su traje color caqui, en los escasos pasos que dibujan el recorrido. Con el rictus encallado y los brazos extendidos, este objeto de la memoria histórica se ha convertido para muchos en una inusitada atracción turística. ¿Memoria pública ó recuerdo privado? Juzguen ustedes mismos.


Read more »

16 de jun. de 2012

Letras viajeras

Es una tarde de ensoñaciones, poco importa el lugar. Me detengo, sin embargo, en el clima emocional del entorno, aquel que le rodea hasta estrechar su esencia. Un extracto concentrado que descubrimos en la solidez del recuerdo.  El olor del aire impregna la atmósfera de la memoria, entre una mezcla de insinuaciones a verano difíciles de identificar.

Es una tarde de impulsos, de estímulos creadores, responsables del espíritu que emerge en cada comienzo, en cada viaje. Unos momentos envueltos por la inspiración, donde seguimos la estela literaria que otras dejaron para beneficio de nuestros días. Un rastro de espuma y agua removida que, del mismo modo que el vaivén al que juega el oleaje, deposita en la orilla fragmentos, pedazos de un viaje que viene a tentar nuestra imaginación.

Foto: Google
Es una tarde de encuentros, testimonios apasionantes de mujeres viajeras que han vencido y logrado una posición destacada en la historia de los viajes, abrazadas por un espíritu aventurero que no las dejó escapar hasta el final de sus días. Basta con ojear las obras de un legado para percatarnos ya desde el vestíbulo, de la aventura pura y simple que enaltecieron. Una galería de mujeres emprendedoras que demuestran que las correrías con riesgo han sido y son dominio de la mujer y del hombre.

Es una tarde de deseos, de intenciones que acarician la voluntad de continuar con este enriquecedor legado. Un lugar donde comienzan los mapas, desde unas páginas en las que desfilan un buen número de mujeres fuera de lo común. Páginas de un profundo magnetismo que acaban por absorberte. 

Es una tarde de viajes, de búsqueda de lo inesperado, de lo desconocido, de libertad. Una invitación al viaje.
Read more »

12 de jun. de 2012

La narración del viaje

Ha pasado ya un tiempo desde que volví. Un viaje al que, tal vez, aprecio mejor con cierta distancia, temporal y espacial, desde la posición privilegiada que proporciona la experiencia reposada. Cuando, aún convaleciente de una nostalgia nómada, te das cuenta que las manecillas de los relojes occidentales dan vueltas sin cesar, acortando la duración real de unas horas que allí, no se sabe bien por qué, eran elásticas.

Sentada en la butaca de mi memoria, rememoro con un deje melancólico el enriquecedor archivo de experiencias acumuladas. Afronto, ahora, la difícil tarea de síntesis que comporta narrar un viaje de semejantes proporciones en la estrechez, en la falta de holgura de apenas una hora. Un embudo, un inevitable proceso de condensación, un epítome que resuma, o al menos intente, el contenido de una obra extensa: un viaje por el Sudeste Asiático, atravesando cinco países, cinco culturas: Tailandia, Laos, Vietnam, Camboya y Malasia, para enriquecimiento de estas páginas.

Foto: Google
Desde la condición de observadora que ofrecen los márgenes del recuerdo, trato de narrar lo propio, lo vivido. Trato de 'soltar la mano' y plasmar esas historias que no son más que una versión de ellas mismas, en las que nos convertimos en personajes de una obra que elaboramos a partir de fragmentos que componen el singular mosaico perceptivo del viaje. Un ejercicio donde evocar, reflexionar e interpretar lo acontecido y que posibilita que nuestra experiencia no quede circunscripta a los muros de la reminiscencia. Y es que, 'cuando alguien realiza un viaje, puede contar algo', reza el dicho popular. Una narración que describe y relata, pero que adquiere una mayor riqueza cuando explicamos y meditamos sobre ella.

Situados en la cúspide del viaje realizado, obtenemos la gratificante recompensa que imprime la facultad de intercambiar experiencias. La capacidad, sobre todo, de hacer de las experiencias un dominio compartible, desde la construcción de una voz enunciativa a la que tratamos de acicalar con altas cuotas de autenticidad. Con el objetivo, en definitiva, de entretener, de conmover y sobre todo, de horadar el alma del público viajero.
Read more »

8 de jun. de 2012

Acertijo camboyano

Los vientos soplan a placer mientras nos acercamos al montón de maderas apiladas que forman el embarcadero del pueblo flotante de Chong Kneas. Al fin descansamos del estrepitoso motor que gorgotea sus últimos jadeos. 

Disfrutando de la novedad del paisaje, el sol cae a plomo en esta pequeña ciudad, son las tres de la tarde. A su arrimo y en sus calles, una nube opalescente de polvo envuelve un camino de accidentada geografía. Repleto de socavones de todos los tamaños que, desde la parte trasera del mototaxi, hacen tambalear a mi mochila. Mientras nos acercamos, cavilo acerca del rompecabezas que cada destino plantea al viajero. El presente en cuestión tiene más hoteles y pensiones que templos, y se ha reinventado así mismo como epicentro del país, tras casi tres décadas aletargado con la llegada de la guerra y los jemeres rojos. Su nombre significa 'siameses derrotados' y constituye una rampa de lanzamiento iniciático a la octava maravilla del mundo camboyano.

Me encuentro en un lugar que abraza la memoria de los tiempos y, a su vez, da la bienvenida a un nuevo horizonte punteado por la celeridad de una voluntad que clama la marea de turistas que no dejan de llegar hasta sus orillas. Su papel principal es servir como línea de suministro y mantener así las constantes vitales de su mayor atractivo. Son muchos quienes han sucumbido a unos encantos que palidecen en comparación.

La gestión de un modo de vida apacible nos persuade y trata de convencer para que desplacemos la línea temporal hasta nuevo aviso. Y no es esta una pasión caprichosa, que podría serlo, sino la consecuencia lógica de caer de bruces ante esa capacidad evocadora del mito y del pasado. Con una dimensión de bolsillo, es este un lugar de robinsones urbanitas vocacionales. Bienvenidos a Siem Reap.

Foto: Danuta-Assia Othman
Read more »

5 de jun. de 2012

Desapercibida Ho Chi Minh

Decía Oscar Wilde que 'no hay una segunda oportunidad para una primera impresión'. Tal vez por ello, el desaborido color de mi encuentro con la otrora Saigón marcó la tónica de la atmósfera durante las algo más de dos semanas que pasé en este importante centro comercial vietnamita.

Ya me habían advertido de los comienzos en esta nación de 'optimistas inquebrantables', defensores de su independencia y su soberanía, con la particularidad de la sombra del 'Tío Ho'. Y es que el orden de los factores determina, en buena medida, el resultado de nuestra experiencia en función de si empezamos desde el norte y descendemos paulatinamente, o si, por el contrario, inauguramos nuestra aventura vietnamita por el sur. Pues, en el sofisticado reino de Funan, la naturaleza se exhibe generosa en la región septentrional del país, con un césped montañoso protagonizado por radiantes arrozales, y coronados por nubes opalescentes.

El litoral tampoco se queda atrás. Este monstruo geográfico, en el sentido positivo de que está fuera de toda regla, sorprenderá al viajero que decida recorrer semejante escenario condicionado por un clima impredecible. En esta alargada e inmensa 'S' que dibuja el territorio, la orografía muestra una diversidad topográfica bañada al este por el Bien Dong, o mar de la China Meridional. Situados en la antesala de las altas mesetas de las montañas de Truong Son, en el centro de Vietnam, descendemos considerablemente hasta el delta del Mekong, el 'Cuenco de arroz' del país no sin antes toparnos con la consumista Ho Chi Minh.

Construida sobre una antigua ciudad jemer, poco queda de aquella región escasamente poblada, cubierta de bosques, pantanos y lagos que imperó hasta el siglo XVII. La modernización, si bien, llegó con la colonización. Un proceso que no ha dejado de evolucionar rápidamente, hasta convertirla en una dinámica metrópoli en continuo movimiento sacudido por un desorden que raya en el caos. Todo tipo de negocios inundan las calles en frenéticas avenidas, donde cruzar y sortear el aluvión de motocicletas se convierte en una tarea difícil de afrontar. Con un gesto y voluntad 'kamikaze', me entrego a la desbordada energía de unos conductores que, con gran destreza, sortean los cuerpos de los temidos peatones. 
 
Foto: Google

Pagodas, templos e iglesias aparte, la ciudad del sur pasa desapercibida ante la mirada de una urbe que se afana por exprimir su potencial económico, elevando unos cánticos que entonan melodías al consumismo. El posible aplauso o interés que suscitan sus nodos (lugares de interés) como el palacio de la Reunificación, la catedral de Notre-Dame, el Ayuntamiento o sus mercados, como el populoso Cho Ben Thanh (abierto desde 1914), enmudece ante unas dimensiones complejas de abordar.  
 
Y es que, tal vez, conviene silenciar los murmullos de la expectación. Aquellos mismos que anticipan la percepción del decorado ignorado y entorpecen el encuentro. Sólo así lograremos insuflarnos de la vitalidad que desprende este gran organismo vivo.
Read more »

1 de jun. de 2012

El sentido de la alteridad

El viaje, a menudo, proporciona un tapiz de infinitos reflejos. Mudos como imágenes, el centelleo de sus destellos despide una ráfaga de luz intensa, momentánea y oscilante. Un resplandor que puntea la línea del horizonte y nos empuja a seguir descubriendo.

Seducidos por todo cuanto nos rodea, pronto nos vemos sumergidos en la bienintencionada inclinación de comprensión y entendimiento hacia otras personas o culturas. O eso creemos. Pues esa capacidad de ser otro que define nuestro concepto filosófico de la alteridad, supone algo más que esa espontánea empatía que parece estrecharnos en cuanto ponemos pie en territorio ignoto. Respeto, reconocimiento y generosidad resultan necesarios cuando emprendemos la maquinaria de la alteridad. Y es que la reflexión metafísica del término exige la laboriosa observación detenida, aquella que trabaja en la dirección de la igualdad en la diversidad.

En este marco de contacto cultural que proporciona el viaje, las impresiones devienen en un fenómeno que, como el tiempo, resulta más elástico, más subjetivo y abierto. Con la ligera sombra de la diferencia planeando en la experiencia de lo extraño, conviene reconsiderar que la alteridad no es sinónimo de una simple diferenciación. La valoración de los otros supone el aplazamiento del nosotros. Es la manera de poder aprehender al otro como otro propiamente, tan remoto en pensamiento y costumbres. Recupero entonces las palabras de Todorov cuando argumenta que 'uno puede descubrir a los otros en uno mismo, darse cuenta de que somos una sustancia homogénea, y radicalmente extraña a todo lo que no es uno mismo: yo es otro. Pero los otros también son yos [...]'.

Boda de una novia raptada. Foto: Google.
La atención que merece dicha práctica asalta mi pensamiento mientras, con excitación inocente y cierta sorpresa, miro un documental de la BBC, 'Novias robadas', sobre la situación de centenares de mujeres jóvenes en Chechenia, víctimas de los denominados 'matrimonios por secuestro'. El rapto a menudo incluye violación. Con un seguimiento a tiempo real de varios casos, el espectador se zambulle en esta 'costumbre' específicamente chechena entre el desconcierto, la estupefacción y la extrañeza ante este terrible y extendido fenómeno. Un sentimiento que comparte la reportera, que no duda en manifestar su opinión a los entrevistados. Y es aquí, en este punto, cuando una de las mujeres le contesta que para lo que ella considera un hábito salvaje, para ellos es una práctica normal e indispensable para preservar y aferrarse a la tradición de un pueblo con una historia sin fin, que se rebela contra años de discriminación nacional y hegemonía rusa.

La discrepancia que con ímpetu asalta a la transigencia del viajero viene acompañada por la hosquedad con la que recibe semejante rito en nombre de una tergiversada tradición, donde las mujeres se convierten en prisioneras. Los límites que definen la sustancia, la materia prima de lo que solemos entender por costumbre se diluyen en una absoluta confusión. 

El tema es inmenso. ¿Tradición o delito? La dificultad de comprensión alcanza aquí cotas considerables, donde los límites de la razón y lo sensato se cuestionan con una complejidad que complica 'la capacidad de ser otro' y nos hace cuestionar el sentido de la alteridad.


Read more »

28 de may. de 2012

El encanto de Battambang

Un oasis de horas lentas para el reposo del viajero. Así es Battambang, una ciudad que en el estéril ranking turístico camboyano ocupa la cuarta posición (después de Siem Reap, Phnom Penh y Sihanoukville). Una apreciación generalizada que comparte todo aquel que decide pasar unos días a merced de sus aletargadas avenidas.

Con un puñado de atractivos que se concentran en los alrededores de la población y que abandera el manido tren de bambú, esta pequeña población a medio camino entre la capital y el epicentro de la nueva Camboya, Siem Reap, presume y compite con su vecina Pursat por tener las naranjas 'más jugosas'. En su interior, predominan sus bulevares de árboles umbrosos y un río de curso tranquilo, el Stung Sangker. Poco más necesita el viajero para empaparse de esa atmósfera amodorrada que circula y contagia entre sus polvorientas y arrinconadas calles.

Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

Así transcurrieron los días que pasé en Battambang, empapados de la relajada cordialidad de un pueblo que convierte el tiempo invertido en una suerte de limbo de apariencia distraída. Pues, ya en la longitud del recuerdo, la evocación de lo que fue se pierde en los derroteros de una percepción confusa, adormilada. Tras un tiempo integrada entre su modesto y tímido encanto, las intenciones que impulsan al descubrimiento de seguir caminando se tornan holgazanas mientras disfrutan de la sugerente combinación arquitectónica de edificios coloniales y templos budistas. Un estado de conservación de estos últimos que sorprende a la entretenida vista mientras reflexiona acerca de cómo salieron ilesos al período de los jemeres rojos, gracias a un comandante que desatendió las órdenes de sus superiores.

Es posible que el viajero, ávido de genuinos contrastes, sienta un justificado desasosiego a modo de prólogo. Dejarse llevar supone la mejor receta para saborear así de la serenidad de un destino entumecido, de carácter reservado y aire silencioso. Pues es aquí, precisamente, donde el viaje encuentra insospechadas tonalidades que, muchas veces, parecen no estar hechas para el sorprendido occidental. Una observación más. Algo en su interior invita al recogimiento, al intimismo. Un lugar donde todo parece oculto y a la vez visible. 

Foto: Danuta-Assia Othman

Read more »

25 de may. de 2012

¡Birmanízate!

El viaje no comienza cuando uno quiere. El viaje empieza cuando a uno le invade la sensación de que ya no es de este mundo, sino de aquél al que se dirige. Una impresión que ahonda en las puertas de la percepción y que conlleva al inevitable arrastre y empuje. Una emoción que me acompañó durante todo el tiempo que compartí con la ONG Colabora Birmania en la localidad fronteriza tailandesa de Mae Sot.

Y es que Mae Sot es un lugar al que hay que ir con lupa. O con la siempre excelente receta de Stevenson: la virginidad de los sentidos. Pues estás llegando, lector, a una tierra azotada por las injusticias y el sufrimiento de los refugiados e inmigrantes birmanos, desplazados por el conflicto atroz de un país acorralado por una dictadura militar de larga dominación. Una inmoralidad, una sinrazón a la que el ejemplar equipo de Colabora Birmania (Javi, Mery, Carmen, Marc y Dani) trata de plantarle cara con un 'basta ya' a modo de indispensables proyectos solidarios que despiertan el aplauso, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la población birmana desplazada.

En esta visita preceptiva e inevitable de todo viajero que recale por Tailandia, el diligente y tenaz trabajo de estos viajeros de ímpetu solidario se muestra como una herramienta de transformación, un estado de conciencia donde la vida transcurre con otros parámetros. El camino más recomendable arranca por cualquiera de sus iniciativas que desde hace cuatro años, mantienen con la responsabilidad de quienes se comprometen y entregan a esta causa en cuanto la luz derrota a la oscuridad. Esfuerzos y recursos barnizados por la ilusión y la determinación que dan abrigo a la infraestructura, la educación y la sanidad que a través de diversos centros y escuelas pivotan su absoluta y loable dedicación.

Foto: Colabora Birmania

Pasando por todos los puntos palpitantes el viajero que acude a conocer encomiable tarea percibirá la Mae Sot que no se ve, que parece oculta tras un decorado que no llegas a alcanzar y que cuando lo atraviesas se muestra tan enriquecedor que no lo quieres dejar atrás. Pues la ilusión matizada por los conocimientos y la experiencia con la que Colabora Birmania apunta su solidaria misión resulta necesariamente contagiosa. Un entusiasmo que con grandes dosis de imaginación, comporta la ideación e implementación de ingeniosas iniciativas como la reciente creación de una aplicación diseñada por los niños birmanos para recaudar fondos para su causa.

En esta suerte de agencia de viajes portátil en la que se ha convertido el mundo de las aplicaciones móviles enfocadas al viaje, multiplicando las posibilidades, servicios y formas de interacción, aparece esta original propuesta apadrinada por la tecnología. Un servicio con el que podrás hacer un seguimiento de la labor de la ONG, además de poder colaborar de manera directa en el proyecto que tú elijas. 'Ellos lo imaginaron. Ahora te toca a ti hacerlo realidad', un lema aleccionador que abandera sus intenciones y que mueve a la admiración de quienes, como una servidora, tuvimos la oportunidad de conocerles. ¡Birmanízate!


  


Read more »

21 de may. de 2012

El embrujo de Phnom Penh

Estación inicial, inevitable punto de partida, kilómetro cero. Ciudad de extremos, de pobreza y de excesos, con encantos y desencantos acordonados por la seducción de un caos singular. Un shock para los sentidos, una falta de guión, de hoja de ruta. Un rumbo cuyo eje se va desplazando al mismo tiempo que nosotros.  

De trazado fácil de recorrer y difícil de digerir, Phnom Penh (léase 'Nom Pen') se presenta al viajero con los sinsabores de un encuentro marcado por los sonidos de una vida diaria que avanza al compás del comercio y la mera supervivencia. Situada a orillas del Mekong, la capital del que fuera el Imperio jemer es una hormigueante metrópolis de cuantas existen en el mundo. Barnizada por un comienzo de leyenda, la historia cuenta que fue fundada cuando una anciana llamada Penh encontró cuatro imágenes de Buda a orillas del río Mekong. Al parecer, la mujer las ubicó en una cercana colina, y la urbe que creció alrededor pasó a ser conocida como Phnom Penh, la colina de Penh.

Mercado Psar Thmei. Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

Al arrimo, y en sus calles, se mezclan los olores acres que desprenden sus mercados, mientras un enjambre de motocicletas se impacienta a golpe de bocinazo ante el desacierto del peatón desacostumbrado. Y es que el occidental que llega de nuevas siente tal bofetón que tarda su tiempo en recuperarse, y cuando lo hace sufre el segundo bofetón, el de la dependencia. Pues contonea la ventaja y el aliciente de ostentar una atmósfera que exhala el hechizo de la antigua Asia. Esta ciudad que ya desde el siglo XVI atrae a una gran cantidad de comerciantes chinos e indonesios, atrapa las voluntades del viajero hasta dejarlo en ese estado insólito en el que, claramente, se disocian el tiempo y el espacio.

Decía el narrador y poeta estadounidense Faulknen que un paisaje sólo se conquista con la suela de los zapatos. Con un sistema de cuadrícula implantado por los franceses, la ciudad resulta de lo más amigable a la orientación del visitante, auxiliada además por unas dimensiones que permiten empaparse de sus muchos rincones en un puñado de días y noches. Lugares de interés aparte (tarea que dejo a las nada livianas guías), la recomendación que le hago al viajero que se enfrenta por vez primera a este rincón de la Kampuchea Democrática, es la de extraviarse de los itinerarios pisoteados y abandonarse al despiste de no llevar mapa. Un ejercicio sugestivo a las puertas de la percepción que nos ayuda a redefinir nuestras geografías particulares.

Si has llegado hasta aquí lector, deberás saber que esta síntesis de palabras que desnudan a la experiencia no son más que el disfraz de verdades más profundas. Aquellas que se adivinan y se estrechan en la complicidad del viaje realizado. Un último consejo, muévete, siéntate, vuelve a caminar, mira y continúa viendo. Que lo disfrutes.


Read more »

18 de may. de 2012

Viajes al pasado

Historias que abren nuevos horizontes. Memorables aventuras de la historia con las que adentrarse en la génesis del relato de viajes que, desde tiempos pretéritos, no ha dejado de evolucionar.

Una suerte de oasis detenido en el tiempo, aquel que se ocupa de preservar una herencia repleta de narraciones misteriosas, tan presentes entre quienes pueblan los mundos naturales antiguos. Y es que en la lectura de sus páginas todo suena a viaje, a descubrimiento y a contemplación. Elementos que rotulan el paisaje que, con gran capacidad evocadora, nos muestran estos obstinados viajeros del pasado. Unas firmas que suelen pasearse con pausa y tino por el imaginario del viajero nostálgico. Pues, recordemos, en cada viaje siempre hay una historia que perseguir y explorar.

Refugiados en el recuerdo de los días pasados, nos sumergimos en ensoñaciones de viajero nostálgico, en literaturas aventureras. Apartados de la urgencia del mundo, la inquietud crece entre nosotros y afinamos nuestros sentidos. Son experiencias enmarcadas en el devenir del tiempo donde la imaginación aparece imprescindible para desenvolverse por estos territorios, en los que, a menudo, tan solo una delgadísima línea separa la leyenda y el mito. En este viaje de rodaje e investigación asistimos al ánimo y al espíritu emprendedor de las grandes gestas, a los momentos primigenios de la narración del viaje. Unos textos que presentan mucho carácter y mucha historia. Pues resulta complicado comprender un lugar sin entender nada de su antes, de su esencia.

Y es que es harto recomendable echar mano de estos ejemplares capaces de trasladarnos hasta lugares colgados en el tiempo. Es historia viva, adquiere un valor superior, te rodea y te envuelve. Basta con alargar el brazo entre la estantería de cualquier viajeteca para aprender del saber mostrado por otras culturas, además de resultar una importante fuente documental para el estudio de la época. Aparece entonces el viaje como una singular ciencia más que una mera actividad de ocio. 

En este ejercicio retrospectivo del deleite viajero, me dejo llevar por el Surinam de finales del siglo XVII junto a Maria Sibylla, para después dar un salto hasta mundos victorianos con lady Mary Montagu, quien fue la primera occidental en acceder al interior de los harenes otomanos. Un espectáculo en sesión continua en el que cada capítulo requiere una parada. Propuestas literarias que narran grandes viajes con los que revivir inusitadas experiencias.
Foto: Google
Read more »

14 de may. de 2012

'BuscoUnViaje'

Imaginen el destino soñado, aquel que abandona el tedio de lo cotidiano e invita al vuelo de lo imaginado. Dicen las voces acreditadas que los viajes están hechos de la misma materia que los sueños. Dicen algunos, como Carl Sagan, que 'en algún sitio algo increíble espera ser descubierto'. Dicen. Palabras arrojadizas que estimulan el impulso por continuar. Pues como apunta la atinada cita de Mario Benedetti: 'No vayas a creer lo que cuentan del mundo ya te dije que el mundo es incontable'.

Y en esta suerte de sima, de subcapa interna que ahonda en la corteza del viaje, me encuentro rodeada de destinos por cumplir, una colección de lugares con los que desentrañar la alteridad. Ese concepto filosófico del mágico verbo viajar que nos ofrece la capacidad de ser otro para descubrir, al fin, que tal vez no exista semejante diferencia. Unos y otros convertidos en sinónimos al abrigo del siempre necesario y enriquecedor viaje. Para romper así con el paraguas de la quimera, aquel que barre al sueño de la ilusión, de la fantasía.

Abstraída en dicho decorado aparece en escena un buscador de viajes capaz de extender el horizonte de lo ideado: BuscoUnViaje.com. Con una suculenta propuesta de generoso sorteo me postulo con estas palabras. ¿El (espectacular) premio? Disfrutar del viaje que yo elija entre los más de 800 viajes a más de 500 destinos que se pueden reservar a través de este portal web. Un buscador que sale al encuentro del viajero en busca de inspiración. 

Una musa con la que apunto al destino escogido si ganara el sorteo: Etiopía siguiendo la estela de los últimos aventureros, desde la depresión del Danakil a los montes Simien. Una decisión de difícil elección que compite con otros rumbos como recorrer a caballo junto a los nómadas de las estepas de Mongolia o navegar por tierras polares y recorrer Groenlandia en kayak, rodeada de un espectacular escenario de icebergs y frentes glaciares. Un juego del azar que además ofrece un premio a los lectores pues BuscoUnViaje.com sortea un vale de 250€ entre todas aquellas personas que dejen un comentario.

La suerte, dicen, está echada.





 
Read more »

11 de may. de 2012

El viaje de Jane Goodall

Es una tarde de notas intensas, de esas que impregnan la esencia de una atmósfera que evoca la valentía, la tenacidad y el espíritu aventurero de su protagonista, la primatóloga Jane Goodall. Digna heredera de sus antepasadas las exploradoras del siglo XIX, esta mujer de calidad humana impresionable sorprende por la vivacidad de una mirada que despierta la expectación de todo aquel que la rodea. De silueta grácil y rostro inmutable a la ilusión y a la determinación de quienes se aferran a los sueños hasta conseguirlos, Jane desprende una energía capaz de conmover y algo más con unas palabras cuidadosamente escogidas y tremendamente inspiradoras.

En un intento por aprehender un discurso de una sensibilidad que casi puede asirse, tomo notas no sin torpeza ante la emoción y el entusiasmo que comporta conocer a una persona de semejante naturaleza y excelencia. Con un público enmudecido y apasionado ante su presencia, las texturas emocionales se van apoderando poco a poco de la sala de actos del edificio del Rectorado de la Universidad Autónoma de Barcelona, hasta respirar unas bocanadas que enriquecen el ánimo de los allí presentes. No en vano, nos encontramos ante una vida entregada a preservar la naturaleza, la vida de una mujer que cambió la forma de pensar sobre nuestros parientes más próximos, los chimpancés. Una vida comprometida que le llevaría a vivir durante décadas en su continente soñado, África.

Foto: Danuta-Assia Othman

Y a propósito de sueños y quimeras recupero entonces una atinada cita del periodista y novelista francés León Daudet: 'Solo es capaz de realizar los sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto'. Esto mismo debió sucederle a Jane cuando en 1957 llegaba a Kenia. Un lugar donde conocería al paleontólogo Louis Leakey, quien precisamente buscaba un asistente para realizar un estudio de campo con los chimpancés de Gombe, a orillas del lago Tanganika. El camino, sin embargo, no ha sido fácil. Amenazada por las enfermedades, los temidos cazadores furtivos y la propia soledad, esta primatóloga, naturalista y activista no ha cejado, empero, en su empeño. Una persona excepcional a la que han llegado a comparar con Mahatma Gandhi.

Con una energía que supera exponencialmente a su edad, Jane nos transmite un mensaje de optimismo que titula 'Razones para la esperanza'. Una profunda reflexión de comprensión clara y sencilla que invoca al poder que tenemos cada uno para transformar aquellas cosas que nos preocupan. Palabras que extienden el discurso que, desde 1977 con la creación del Instituto Jane Goodall, promueve el rol activo de las comunidades en la conservación de su medio ambiente. Y es que, África, le cambiaría la vida para siempre. Una activa labor sin ánimo de lucro que sigue desempeñando en el nombre de la biodiversidad.

La complicidad del ocaso acompaña el final de este especial encuentro no sin antes lanzar un dardo a la diana del llamado turismo responsable, al que reclama la obligación de mejorar las vidas de la gente local, dejando que sean ellos quienes construyan el orgullo de sus recursos naturales.  La crónica de este memorable acto llega a su fin dejando paso al reposo merecido de los grandes acontecimientos, desde donde digerir el profundo y enriquecedor impacto que me causó conocerla.
Read more »

7 de may. de 2012

Encuentro de caminos

Sucedió sin más. Una sacudida de espontaneidad en el modo de proceder del viaje dio lugar a un encuentro singular. Un hallazgo fruto del azar que a menudo azota al viajero y le brinda la oportunidad de conocer y compartir el camino junto a otros de su misma especie. Y es que, por fortuna, el cruce del viajero está repleto de tropiezos con memorables vagamundos. 

Son muchos los rostros con los que coincidí en mi rodeo por Laos. Rostros, algunos, que se confunden en el recuerdo y la percepción. Otros, sin embargo, protagonizan las texturas emocionales de unos días acampando entre los arrozales y las montañas que los abrigan en el hechizante Laos septentrional. Rodeados de esa belleza que hace trabajar la imaginación y la reflexión, compartimos un tiempo teñido por un entendimiento mutuo, unos componentes vitales del viaje donde tiene cabida la pasión, la intuición, la curiosidad y la búsqueda. Propiedades casi más necesarias que el pasaporte para viajar, donde las procedencias de diversas coordenadas geográficas no hacían más que enriquecer el viaje compartido. 

Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

Nos levantamos con las primeras luces del día dispuestos a ceder la comodidad de una habitación a la inquietud de lo desconocido. Dispuestos, así mismo, a desaprender lo imaginado. Con el rumbo orientado hacia un interior nutrido de tradiciones, memoria de una población que aguarda heredera la identidad de todo aquello que representan, dirigimos nuestros pasos en un recorrido que nos ocuparía gran parte del día. En fila india y sin salirse del camino ya transitado, reflexionamos acerca de las fatales consecuencias de las minas antipersona que sufre el país probablemente más bombardeado de la historia. No sólo por las enormes cantidades de muertos y amputados en accidentes con estas armas, sino también por las dificultades que enfrentan quienes quieren recuperar sus tierras para trabajarlas.

El semblante algo laberíntico de los siempre presentes campos de tono pajizo estrechaban  en más de una ocasión el terreno y nos obligaban a mantener el equilibrio en un intento de dar esquinazo al inevitable traspiés. Un roce sincopado que nos dejaría repletos de rasguños y algún sobresalto que otro con esos cuerpos cilíndricos, escamosos y alargados que, por carecer de extremidades, se mueven arrastrándose. La orientación por su parte de una superficie enrevesada, lejos de impacientarnos, nos proporcionó el acceso a un paisanaje que nos condujo al embeleso sin necesidad de recurrir a lo esperado de unas rutas a precio de souvenir.

Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

Pero lo mejor estaba por llegar. A unos instantes del juego de entre luces que protagoniza el ocaso, decidimos darle forma a la tienda de campaña que nos daría cobijo aquella noche, en una atmósfera acompañada por las notas intensas de un día mecido por la confluencia en la igualdad de formas, intereses y opiniones, y sazonada por ese sereno silencio, única elocuencia perfecta que facilita el reposo de la aventura a nuestra condición libre y sin techo.  El incógnito de esta improvisada posada es uno de sus grandes privilegios. Un romántico estado de incertidumbre donde perdemos gustosos nuestra identidad personal en los elementos de la naturaleza y nos convertimos en el fruto del momento.

Miro a mi derredor los panoramas exteriores que rivalizan hasta la victoria con cualquier otro hospedaje y recupero, entonces. la acertada cita del escritor inglés Laurence Sterne: 'Dadme un compañero de viaje, aunque sólo sea para observar cómo las sombras se alargan cuando el sol declina'.

 
Read more »

3 de may. de 2012

Caminos a contratiempo, segunda entrega

Los intentos frustrados pronto dieron paso a las maneras del silencio. Sin saber qué hacer, permanecí sujeta a la inmovilidad, única certeza que, al menos, me concedería una prórroga. Una suspensión temporal de lo inevitable. El bochorno de un sol en vertical aumentaba la dificultad, una dura prueba que no hacía más que alimentar mi preocupación.

Y, de nuevo, sentí como el suelo cedía ante mis pies. Con las piernas inmovilizadas, pensé en este curioso fenómeno natural al que el estereotipo actual ha dotado de mitos. Recordé aquellos libros de aventuras de escenarios en parajes pantanosos, donde el protagonista pisa un terreno en apariencia firme y comienza a hundirse rápidamente, engullido y devorado por las fauces de una tierra movediza. Una imagen de la maleta de mi memoria que poco o nada mejoraba mi ánimo. Confundida e irritada por la torpeza de lo ocurrido, comencé a maldecir el momento, minutos antes, en el que había decidido moderar el calor con un chapuzón.

A la altura de mi nariz aparecía el retrato que tantas veces me habían comentado al referirse a la belleza de estos lares. El sentido corporal con el que se perciben los objetos y sus colores adivinaba la grandeza de todo cuanto me rodeaba: formidables montículos de una elevación que exigía el movimiento ascendente de los músculos del cuello, mientras hacía un soberbio repaso a una tonalidad de frondoso verdegueante. Un plano resquebrajado por una extensa grieta, arteria conductora de unas aguas que reposan en sosegada calma. Esas mismas que, bajo los efectos de su magnetismo, habían detenido el curso de mi camino.

Foto: Danuta-Assia Othman

Con un horizonte ya cansado de esperar, retomé el asunto de etiqueta memorable en el que me encontraba. La tentativa de volver a moverme desaparecía al sentir cómo el barro sedimentado ganaba terreno y se acercaba así a la altura de mis caderas. Y, cuando la impotencia parecía ganarle el pulso a la esperanza, me desprendí del abrigo de la tensión del suspense al ver, a unos quince metros, a cuatro niños de no más de diez años que corrían de un lado a otro mientras se rebozaban con cierto alborozo por pura diversión. Vociferé (aliviada) tanto como pude, acompañándolo de los gestos necesarios que llamaran la socorrida atención. Con cautela, pues la sacudida de mi agitado cuerpo podía costarme algún centímetro más.

Bastaron pocos minutos para que acudieran en mi ayuda. Sin ningún adulto a la vista, empecé a dudar del auxilio que me podían proporcionar unos niños a los que les doblaba el peso y casi triplicaba la edad. Con un laosiano de dudosa pronunciación y ayudada, sobre todo, por la expresividad de mis gestos, logramos (o eso creí) entendernos al comprobar inmediatamente como éstos, colocados en cadena, tiraban con fuerza de mis manos. Tras un par de esforzados intentos conseguí salir de aquellas arenas movedizas que me habían atrapado por el descuido de la ignorancia durante un dilatado y espeso tiempo. Con un agradecimiento al servicio de la llamada del juego, aquellas criaturas de atrevida valentía continuaron chapoteando volviendo así a su estado natural infantil.

Foto: Danuta-Assia Othman

                      Foto: Danuta-Assia Othman

Algo incrédula de lo sucedido, me zambullí (ahora sí) en las aguas del río Nam U mientras me desprendría de la sustancia viscosa que me había embarrado tres cuartas partes de mi cuerpo. La generosidad de aquellas gentes de corta edad no había hecho más que ampliar la nobleza que irradiaba la atmósfera de aquel fascinante lugar. Un lugar portador de esa armonía, esa tranquilidad y esa belleza del paraje que otros, para dicha del viajero, tuvieron la oportunidad de disfrutar y, más que eso, respetar.
Read more »

30 de abr. de 2012

Caminos a contratiempo en dos entregas

Son prodigios del camino. Sucesos que despiertan con el rostro de la desventura situando a la adversidad en nuestro camino, convirtiendo al azar del viaje en una eventualidad memorable. Ésta podría ser la lectura de una jornada donde el imprevisto se convirtió en mi mejor compañero de viaje, un patinazo que tonifica, reequilibra y nos hace reconsiderar nuestro lugar dentro del gran esquema de las cosas.

En el género de la contrariedad, el prólogo de la historia comienza con la campechanía de un camino sencillo, sin ningún percance en la lejanía. Así es como me desperté una mañana en el cautivador pueblo de Müang Ngòi Nüa, situado en el noroeste de Laos. Un pequeño poblado inversamente proporcional a su belleza donde el único medio de transporte factible para llegar hasta aquí son las barcazas que salen del embarcadero de Müang Ngòi y remontan río arriba el encantador Nam U. Una escena retratada por el relieve de origen cárstico de un territorio cubierto y erizado de montes, una naturaleza que compite con los arrozales que conforman el escenario de los alrededores.

Recupero las notas de los días que preceden, aquellos que, en algún rincón de la improvisada hoja, custodian la información interesada. 'Poblados lao y khmu de Ban Na, Ban Huai Bò y Ban Huai Sèn. Llegar caminando es una experiencia muy recomendable', releo no sin dificultades unas líneas tomadas desde la urgencia de lo inmediato. Términos como 'tranquilidad', 'armonía' y 'belleza del paisaje', se repiten cuando recopilo las indicaciones de otros viajeros cruzados.  'Parece un buen plan', murmuro mientras me preparo. Tras algunas directrices que me sitúan en el comienzo del trayecto previsto, decido prestar el impulso de mis pasos al viaje ignorado. Aquel que tiene lugar en la tentación, en el estímulo por descubrir senderos poco transitados.

Foto: Danuta-Assia Othman 
Foto: Danuta-Assia Othman

Recorro a pie los maltrechos caminos acompañada por esa armonía y perfección del paisaje que inspira admiración y deleite. Todavía no he alcanzado las horas centrales del día y, sin embargo, tengo la impresión de que el Sol se encuentra en su punto más alto sobre el horizonte. El despiste vuelte a interrumpirme cuando descubro que apenas me queda agua. Sedienta, busco hidratarme en el pequeño arroyo que baja tímido y escaso del escarpado desfiladero. Algo recuperada decido permanecer un rato calmado ante la apacible suntuosidad que me rodea. Es entonces cuando diviso el curso del río Nam U, unos metros hacia abajo. La vista es asombrosa. 

En la quietud de sus aguas pocos profundas de aquel tramo decidí darme una refrescante zambullida. Sin un camino definido por el que descender, me resbalé tantas veces como fue posible. Hastiada por las fastidiosas irregularidades del descenso, opté por resolver la incómoda situación desde la impaciencia, esa misma que pondría punto y final a la serenidad de aquella historia. Y es que, en ocasiones, la distancia confunde la verosimilitud de lo que vemos. Pues lo que parecía ser una arena mullida por la faja de tierra más inmediata al agua del río, resultó ser un barrizal con aires de arenas movedizas. Una cuestión que inmediatamente comprobé al no poder salir de aquella viscosa arcilla. Ajena a los comportamientos de tal fenómeno natural, efectué rápidos movimientos que sólo hicieron que me hundiera más. Las rodillas ya estaban sumergidas cuando empecé a preocuparme, la incertidumbre de cómo salir de ahí comenzaba a angustiarme. 

Read more »