1 oct. 2011

Tailandia, Imperio de la diversidad

Tailandia, una palabra que etimológicamente significa 'la tierra de los libres'. Para muchos, sin embargo, este territorio conocido por sus sonrisas y que acoge a una población de 65 millones, está asociada al exotismo, playas paradisíacas, paseos en elefante, full moon parties en Koh Phangan...
Pero el abanico del antiguo Siam abarca mucho más de la ya conocida imagen descafeinada. Y es que decir Tailandia sería caer en una reducción cultural pues hay muchas tailandias: a la espiritualidad y a la riqueza de su diversidad étnica le acompañan la sofisticación de sus templos centenarios, uno de sus secretos mejor conservados y valioso testimonio del pasado. Una historia que procede del sur de China y se remonta al s.X, no sin antes tener en cuenta a los imperios mon, jemer y malayo que dominaron la región previamente a su llegada. Todo ello aderezado por la elegancia de sus gentes, a menudo fruto de la práctica del budismo, una religión mayoritaria en todo el territorio. No en vano el budismo está presente en la vida tailandesa, desde las decenas de templos que acampan a sus anchas por todo el país al azafrán de las túnicas de sus monjes que salpican de color allá por donde pasan. Tailandia ofrece esto y mucho más.

Minorías culturales, vastos arrozales que se encaraman a lo largo y ancho del país, paisajes sureños de ensueño y misticismo jalonan la exquisitez de un imperio que danza en particular armonía consiguiendo así preservar las distintas formas de vida que conviven desde el s.XIV. Todo un esfuerzo frente al empuje de las nuevas generaciones cada vez más alejadas de las tradiciones haciendo hueco a una clase media próspera y emergente. Aquí las diferencias se tornan desemejanzas dentro de una abundancia variada. 

Unos ingredientes que cautivan y nos arrastran hacia un estado epicúreo coronado por la arrebatadora e irresistible gastronomía tailandesa. Una delicia para los gastronómadas. Sabrosa y aromática. La gran variedad de platos y la complejidad de sabores y aromas resuelta con gran maestría asaltarán a los paladares de los viajeros. Tan solo hay que dejarse llevar y experimentar.




Dicen que para gustos, colores. Tailandia constituye, en este sentido, un espectáculo para todos los públicos. Desde naturaleza en estado puro con más de un centenar de parques nacionales a merced de las chaparrónicas lluvias monzónicas, tribus pintorescas a urbes de notas futuristas... El espíritu del antiguo Reino de Siam resplandecerá al viajero. Éste, a cambio, deberá permanecer con los ojos bien abiertos ante el paisaje cambiante. Solo así conseguirá percibir su genuino esplendor enmascarado en sus miles de formas. Su magnetismo fuera de lo común convertirá el viaje en una experiencia completamente diferente. Una zambullida a un amalgama que sin duda valdrá la pena.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me alegra descubrir un imperio impresionante, alejándome de los típicos tópicos.Brindo por seguir adquiriendo nuevos ojos!
Ale Lilolú

Danuta-Assia Othman dijo...

Y a mi me alegra que te guste!! Gracias!!

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