16 nov. 2011

Un viaje más allá de la frontera

Llegué un buen día a la fronteriza localidad tailandesa de Mae Sot movida por la inquietud y la curiosidad de una ciudad que tiene la vista puesta en el país vecino, Birmania. A tan sólo 4 km, a menudo le asalta a uno la sensación incierta de no tener claro dónde se encuentra. Y es que Mae Sot posee un fuerte acento birmano marcado por unos rostros protegidos por la célebre pasta blanquecina del tanaka y una comida que se sitúa a medio camino entre la tailandesa y la birmana.

Unidos por el más que cuestionable 'Puente de la Amistad', las diferencias entre ambos países se diluyen componiendo un interesante panorama desde cualquier punto de vista. Tan cerca y a la vez tan lejos. Dos polos opuestos que discurren en paralelo en una frontera que nos acerca de manera efectiva a la realidad de un país, Birmania, dominado desde hace 50 años por una dictadura militar. Basta darse una vuelta por sus calles para comprender una situación, la del pueblo birmano, que ya dura demasiado tiempo amén de las atrocidades cometidas por su gobierno.

Foto: Danuta-Assia Othman

Dos caminos que viajan con todos sus colores por universos distintos. La ciudad medita arrinconada en las intenciones de tantos, en una convivencia que se esfuerza por acoger una realidad compleja donde la búsqueda de un futuro mejor se muestra prioritaria. Resulta llamativo. A pesar de las proporcionadas dimensiones de Mae Sot (fáciles de recorrer a pie en un mismo día) el rumbo del viajero se expande ya sin antifaz y camina entre aguas que enriquecen a cada sorbo. Un hervidero de culturas: thais, birmanos, chinos, karen, indios, nepalíes se dan cita a través de los locales y comercios de todo tipo que se hallan a lo largo de las dos calles principales de este lugar que cautiva y sacude a partes iguales.

Mae Sot sorprende al viajero y le obsequia con la extraña impresión de ser otro, diferente, dispuesto a emprender un viaje que va más allá de su fachada thai. Un recorrido que bulle de contradicciones. Un compendio de difícil catalogación que una y otra vez capta nuestra atención para dejarla en manos de un horizonte que aparece frente a nosotros: Birmania. Los alrededores testimonian la evidencia de que nos encontramos en un territorio siempre cambiante entre el trasiego de quienes se aventuran a cruzar las distancias. 

Una ciudad que pone a prueba y agita la relación entre el viaje y el viajero. Una implicación que trasciende cualquier visita de estilo costumbrista y que exige una aproximación pausada y por partes. No siempre surge la oportunidad de sumergirse en otro país desde su imagen reflejada. Un viaje capaz de difuminar fronteras y llevarnos más allá de ellas explorando las formas que adopta el viaje. Dejando de lado el mero desplazamiento y entregándonos al hallazgo de un rincón, Mae Sot, que ejerce de buen observador desde una posición privilegiada.

Foto: Danuta-Assia Othman

2 comentarios:

Anónimo dijo...

privilegiada la posicion tuya para poder ver la bascula social del lugar

Danuta-Assia Othman dijo...

me siento afortunada de haber tenido la oportunidad de conocer al pueblo birmano, altamente recomendable!

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