4 ene. 2012

Camboya, algo más que templos

Se abre el telón y aparece una tierra compuesta por deslumbrantes escenarios protagonistas de una naturaleza indómita repleta de extensos campos de arroz y palmeras entre bucólicas y pintorescas aldeas. Un maravilloso paisaje que proporciona al viajero un regocijo constante. El asombro que produce se incrementa gracias al carácter de un pueblo que se muestra cálido y acogedor con el visitante. Así es el Reino de Camboya, un compendio de encantos que hechizan y la hacen tremendamente irresistible.



Foto: Danuta-Assia Othman

Camboya o Kampuchea (como la llaman los camboyanos) se despereza sonriente a pasos agigantados tras un doloroso letargo marcado por un régimen genocida responsable de la desaparición de un cuarto de la población jemer en apenas cuatro años. Tras algo más de tres décadas arrastrando un pasado cruel, llama la atención la simpatía y hospitalidad de sus gentes de sonrisa eterna. Y es que este país tiene mucho que ofrecer. Un viaje que comienza con una más que amable bienvenida y termina por despertar irremediablemente el afecto y la admiración del viajero. 

Son muchos lo que se acercan hasta el corazón del Sudeste Asiático seducidos por un rico patrimonio arquitectónico que parece provocar una fascinación perpetua. Sin embargo, esta imagen eclipsada por unos templos que ocupan la octava maravilla del mundo a menudo rivaliza con la bondadosa personalidad de quienes la habitan. Un encuentro que reporta memorables sensaciones envueltas por una magia ineludible que contagiará a más de uno. Un país que acostumbra ser primer plato o postre en un periplo por este rincón del globo. Sea cual fuere, un viaje por tierras camboyanas garantiza una mochila cargada de grandes experiencias que pasarán a formar parte de los buenos recuerdos. 

 Foto: Danuta-Assia Othman

 Foto: Danuta-Assia Othman

Los más aventureros tienen en Camboya la oportunidad de explorar pueblos tradicionales bordeando el poderoso río Mekong o el lago Tonlé Sap, el mayor lago de agua dulce del Sudeste Asiático, un ecosistema único declarado Reserva de la Biosfera de la Unesco. Conviene destacar que el 80% de la población vive en zonas rurales. Acercarse hasta sus provincias o srok permite admirar una forma de existencia atemporal cuyas gentes viven en comunidad en una estructura social que tiene como base al núcleo familiar. Pasar un tiempo en las srok asegura e imprime al viaje buenas dosis de autenticidad y un recuerdo que dibujará sonrisas. Y aún hay más. Matices y anécdotas acompañan el camino del viajero desmontando cualquier tiempo previsto, alargando una estancia dispuesta a trastocar cualquier itinerario. Unos cambios que sin duda merecen la pena. 

El espectáculo no ha hecho más que empezar. Por delante se abre un horizonte formado por unos cielos que se exhiben majestuosos en una paleta de colores que impresiona y sorprende a partes iguales. Espacios abiertos donde los atractivos naturales no escasean y todavía se mantienen al margen de un turismo agresivo. Adentrarse en su historia supone empaparse de una cultura heredada del imperio jemer cubierta por el carismático pañuelo krama, seña de identidad y símbolo de todo jemer. Algo más que un trozo de tela y que se exhibe con orgullo. Todo ello condimentado por el talante de unos ciudadanos que enfocan un futuro con un optimismo digno de ejemplo. Un plato delicioso que conviene saborear en cada bocado. ¿Se puede pedir más?

 Foto: Danuta-Assia Othman

4 comentarios:

Gildo Kaldorana dijo...

Como me gusta Asia.
A ver si un día tengo la oportunidad de dar una vuelta por toda ella, incluido Camboya, por supuesto.
Buen artículo, buenas fotos.
Saludos y Feliz 2012

Danuta-Assia Othman dijo...

Muchas gracias Gildo! Vivirás toda una aventura, te lo garantizo! :) Feliz 2012!

Anónimo dijo...

el pays y la gente tiene una belleza de compenetracion que produce una luz de paz y armonia. espero que te siente asi...ET...

Danuta-Assia Othman dijo...

Tetev! Los camboyanos me han conquistado, estoy segura de que a ti también...te encantarían! :)

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