26 feb. 2012

Jungla de asfalto

Imaginen un escenario antaño devorado por una naturaleza implacable y despiadada en un terreno cálido y húmedo cubierto por una vegetación densa y muy espesa. Una tierra salvaje bajo el dominio de la jungla. Un término, 'jungla' que viene del sánscrito 'jangala', y que, paradójicamente, significa desierto. Pues bien, se cierra el telón y tras algunas sacudidas en la coctelera del tiempo, aparece un enorme bloque de hormigón dispersado bajo el rostro de rascacielos y autopistas, imponentes construcciones de aspecto un tanto futurista que reflejan la importancia económica del lugar. Una realidad que da de sí y se estira hasta lo inverosímil, a la que el estereotipo actual ha dotado de edificios emblemáticos convertidos en todo un símbolo identificativo conocido por todos... ¡Bienvenidos a Kuala Lumpur!.

Kuala Lumpur, una metrópolis en apariencia joven y próspera para delicia de los ajetreados transeúntes ( la capital se fundó en 1857 ), donde la arquitectura se levanta a imagen y semejanza del cóctel de gente que pasea por sus enrevesadas calles. Pero no nos adelantemos. Puesto que si alguna urbe asiática puede presumir del binomio compuesto por naturaleza y asfalto esta es, sin duda, KL. 

Foto: Danuta-Assia Othman

Entenderla quizá sea acercarse un poco más a una historia teñida por un pasado centrado en la explotación de minas de estaño. Un hecho crucial para comprender un desarrollo que avanza vertiginoso. Tanto es así, que su popularidad y crecimiento le ha llevado a posicionarse como uno de los destinos más visitados del sudeste asiático, amén de ser un importante enlace en el tráfico aéreo de Asia. Adjetivos como vibrante, dinámica o colorida nos reciben desde un primer momento en un avance cuya intensidad irá aumentando a medida que nos adentremos en ella.  Y es que esta centelleante urbe tiene la pátina propia de una intrigante mezcla de estilos, fruto de influencias coloniales, de tradiciones asiáticas y, sobre todo, de una fuerte inspiración islámica. 

Foto: Danuta-Assia Othman

Una suerte de olla a presión de imágenes y de sonidos sorprenden al viajero en cada rincón, contrarrestados por los espacios verdes que se extienden ocupando las tres cuartas partes de la ciudad y que actúan a modo de bálsamo vegetal entre tanto calor y hormigón. Recordemos que KL está situada al sur de la península de Malaca, en el valle de Klang. A pesar de los no pocos intentos por continuar con esta frenética expansión, basta con subir a la torre Menara o a las embajadoras Torres Petronas para darse cuenta que todo esfuerzo humano de construcción resulta anecdótico ante un espacio donde la naturaleza, para fortuna de quienes la habitan y la visitan, es aquí dueña y señora.

Como decíamos, naturaleza y asfalto conforman la panorámica de esta singular postal urbana matizada por la heterogeneidad de tradiciones, de culturas y de religiones. Un pasaporte que tiene su mejor representante a esta diversidad que acecha al viajero con tan sólo doblar la esquina. Haciendo honor al acertado eslogan publicitario que puebla marquesinas y folletos turísticos, 'Malaysia, truly Asia', nos encontramos ante una magnífica muestra de multiculturalidad. A las ya conocidas comunidades china e india, se añaden otras procedentes de Indonesia, Nepal, Birmania, Tailandia, Bangladesh o Vietnam, por citar algunos ejemplos. Una interesante mezcla que se manifiesta, en gran medida, en su deliciosa y sabrosa gastronomía.

Para los que aún quieran más, la capital malaya tiene reservada una importante oferta cultural donde quedarse pasmado ante edificios religiosos como las mezquitas de Masjid Jamek y Masjid Negara o el templo hindú de Sri Mahamariamman. Por si fuera poco, el viajero tiene la oportunidad de acercarse a la historia, economía, artes y oficios y cultura de Malasia de la mano de colecciones que alberga, entre otros, el Museo Nacional o el Museo de Arte Islámico. Visitas absolutamente recomendables.

Foto: Danuta-Assia Othman

La silueta recortada de los edificios cuando el sol se torna en una brasa incandescente dibuja el trazo de un horizonte delineado que se alza firme bajo esta fascinante estampa, donde la mirada no puede sustraerse del hechizo que ejerce sobre ella. Un ritual que se repite cada día y, sin embargo, cada día es distinto. Siempre único.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

por lo que leo de ti me atrae mucho mas que las ofertas de las agencias de viaje

Danuta-Assia Othman dijo...

muchísimas gracias por el comentario! :D

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