13 abr. 2012

Laos, un viaje hacia la otra orilla

Pensé que no llegaba. Después de un despertar prematuro, tres autobuses y más horas sentada de las que uno creía poder soportar, llegué aliviada y agotada a la pequeña localidad fronteriza tailandesa de Chiang Khong, situada al noreste de la provincia de Chiang Rai, en el norte de Tailandia.

Con la oscuridad de un cielo opaco pegada a los talones, poca cosa más quedaba por hacer más que un último esfuerzo por encontrar un lugar donde pasar la noche. Creo que todos sentíamos el mismo anhelo después de aquel fatigoso y largo día. Me desperté sin saber muy bien dónde me había dejado el sentido de la orientación, no recordaba con claridad dónde me encontraba. La desgana de no haber descansado lo suficiente marcó el ritmo del despertar hasta que recobré la lucidez y supe porqué estaba allí. Allí, al otro lado de la orilla me esperaba una nueva tierra, un nuevo rostro, una nueva dimensión del viaje.

La luz incierta del amanecer parecía envolver aquel lugar de tránsito, una suerte de cinta corredera de aeropuerto, siempre en movimiento y constante renovación fruto de las idas y venidas de quienes pasan por ahí. Son las ciudades fronterizas, rincones comprimidos en la estrechez de un limbo geográfico de contornos poco definidos. Una urbe huérfana, dependiente, en búsqueda de sí misma. Un rincón a veces olvidado donde la realidad que uno percibe con sus sentidos empieza a contraerse, en perjuicio de otra realidad, aquella que se encuentra en la otra orilla. Y uno siente cierto tipo de peregrinidad eterna en esta ciudad.

Las sinuosidades de una aventura a punto de comenzar, acompañarían desde sus inicios los momentos que seguirían. Pues, a diferencia de otros pasos fronterizos, éste no se hace a pie sino a través de una vieja barcaza pausada y fatigada que navega por el curso de un río legendario, el Mekong. Semejante anfitrión de carácter mítico e incluso épico nos da la bienvenida a un territorio fuertemente montañoso, una geografía accidentada que convierte al Ménom Khong y a sus afluentes en un importante y crucial medio alternativo de desplazamiento y transporte de mercancías, amén de su trascendencia histórica. Y es que si Laos debe caminarse con la mirada puesta en ciento ochenta grados, esta vez cambiamos de medio y nos trasladamos hasta sus gloriosas aguas. 

Foto: Danuta-Assia Othman

Quizá porque la fotografía eterniza sucesos, los turistas se agolpan para tomar de forma precipitada esa instantánea que habida cuenta certificará en el después su particular cruce. Un trajinar en el que la línea de la embarcación se ve amenazada en más de una ocasión con ser sobrepasada por la superficie del agua. En cualquier caso, se trata de un recibimiento que nos subraya que Laos es diferente, y sus aguas, el lugar perfecto para explorarlo. 

Rutas convencionales aparte que unen la población de Huay Xai con la colonial ciudad de Luang Prabang, existen otras posiblidades que merecen un mayor elogio y reconocimiento que, para suerte del viajero, conservan intacto el encanto de unas travesías donde el silencio se hace oir, donde las manecillas del reloj dudan. Tales recomendables opciones fluviales son el río Nam Tha, que discurre por el noroeste del país, uniendo la provincia de Bokeo con la de Luang Namtha, o el río Nam U, en el otro extremo norteño, un recorrido que permite atravesar la provincia multiétnica de Phongsali hasta llegar a Luang Prabang.

Si prestamos atención a la etimología latina del verbo viajar, a esa acción de trasladarse de un lugar a otro, veremos que su intensidad dependerá en gran medida de dónde nos encontremos. Una intensidad que aquí, a la voluntad de su caudal comienza a estremecerse bajo el ronroneo de sus motores. 



Foto: Danuta-Assia Othman

3 comentarios:

Viajes de Primera dijo...

Efectivamente, como bien dices, Laos es diferente y quizá se la aprecia más con cierta distancia -temporal, espacial... Cuando las manecillas de los relojes occidentales dan vueltas como locas, acortando la duración real de unas horas que allí,no se sabe bien por qué, eran elásticas

Anónimo dijo...

parece que todo se desliza suavamente la luz ,el rio ,las barcas y la gente...ET....

Danuta-Assia Othman dijo...

resulta un curioso paso fronterizo...de los más sencillos e interesantes :)

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