11 may. 2012

El viaje de Jane Goodall

Es una tarde de notas intensas, de esas que impregnan la esencia de una atmósfera que evoca la valentía, la tenacidad y el espíritu aventurero de su protagonista, la primatóloga Jane Goodall. Digna heredera de sus antepasadas las exploradoras del siglo XIX, esta mujer de calidad humana impresionable sorprende por la vivacidad de una mirada que despierta la expectación de todo aquel que la rodea. De silueta grácil y rostro inmutable a la ilusión y a la determinación de quienes se aferran a los sueños hasta conseguirlos, Jane desprende una energía capaz de conmover y algo más con unas palabras cuidadosamente escogidas y tremendamente inspiradoras.

En un intento por aprehender un discurso de una sensibilidad que casi puede asirse, tomo notas no sin torpeza ante la emoción y el entusiasmo que comporta conocer a una persona de semejante naturaleza y excelencia. Con un público enmudecido y apasionado ante su presencia, las texturas emocionales se van apoderando poco a poco de la sala de actos del edificio del Rectorado de la Universidad Autónoma de Barcelona, hasta respirar unas bocanadas que enriquecen el ánimo de los allí presentes. No en vano, nos encontramos ante una vida entregada a preservar la naturaleza, la vida de una mujer que cambió la forma de pensar sobre nuestros parientes más próximos, los chimpancés. Una vida comprometida que le llevaría a vivir durante décadas en su continente soñado, África.

Foto: Danuta-Assia Othman

Y a propósito de sueños y quimeras recupero entonces una atinada cita del periodista y novelista francés León Daudet: 'Solo es capaz de realizar los sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto'. Esto mismo debió sucederle a Jane cuando en 1957 llegaba a Kenia. Un lugar donde conocería al paleontólogo Louis Leakey, quien precisamente buscaba un asistente para realizar un estudio de campo con los chimpancés de Gombe, a orillas del lago Tanganika. El camino, sin embargo, no ha sido fácil. Amenazada por las enfermedades, los temidos cazadores furtivos y la propia soledad, esta primatóloga, naturalista y activista no ha cejado, empero, en su empeño. Una persona excepcional a la que han llegado a comparar con Mahatma Gandhi.

Con una energía que supera exponencialmente a su edad, Jane nos transmite un mensaje de optimismo que titula 'Razones para la esperanza'. Una profunda reflexión de comprensión clara y sencilla que invoca al poder que tenemos cada uno para transformar aquellas cosas que nos preocupan. Palabras que extienden el discurso que, desde 1977 con la creación del Instituto Jane Goodall, promueve el rol activo de las comunidades en la conservación de su medio ambiente. Y es que, África, le cambiaría la vida para siempre. Una activa labor sin ánimo de lucro que sigue desempeñando en el nombre de la biodiversidad.

La complicidad del ocaso acompaña el final de este especial encuentro no sin antes lanzar un dardo a la diana del llamado turismo responsable, al que reclama la obligación de mejorar las vidas de la gente local, dejando que sean ellos quienes construyan el orgullo de sus recursos naturales.  La crónica de este memorable acto llega a su fin dejando paso al reposo merecido de los grandes acontecimientos, desde donde digerir el profundo y enriquecedor impacto que me causó conocerla.

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